Bosques que regresan, vidas que mejoran: el impacto de los acuerdos de conservación
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Campesinos cultivan café, otros le apuestan a la ganadería sostenible; ya no talan árboles, ahora los siembran y protegen las fuentes de agua. Todos ellos implementan buenas prácticas gracias a los acuerdos voluntarios para conservar la naturaleza mientras mejoran su calidad de vida.
Por: María Alejandra Moreno Tinjacá, periodista de Parques Nacionales Naturales de Colombia
“Con acuerdos o sin acuerdos vale la pena conservar. Nosotros somos testigos de los cambios en el clima, ahora es mucho más caluroso, las fuentes de agua han disminuido su caudal y hay animales que no hemos vuelto a ver. Por eso debemos proteger la naturaleza”, estas son las palabras de David Espitia Arias, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Peñas Blancas, ubicada en el corregimiento de Pichindé, Distrito Especial de Santiago de Cali, quien habla con entusiasmo y no esconde su pasión y amor por su región.
Tiene 42 años y sus padres llegaron desde Santander para cultivar esa tierra con mora, lulo y repollo. La bonanza inicial cesó en los 90 por causa de heladas que acabaron los cultivos. Durante años vivieron de maderas de alto valor (como el cedro rosado o el comino crespo) que talaban para vender en Cali. “Eso era antes de la caracterización e identificación de la población para definir los límites para declarar el área protegida”, asegura.
Espitia se refiere al Parque Nacional Natural Farallones de Cali, declarado el 15 de julio de 1968 y que tiene más de 196 mil hectáreas. Se destaca por las formaciones rocosas más jóvenes de la cordillera Occidental de los Andes, sus bosques frondosos, la diversidad en fauna y flora, además de los servicios ecosistémicos que presta a Cali y sus alrededores. “Es un lugar hermoso, uno mira las montañas con ese verde intenso y siente paz. Sin embargo, no han sido tiempos fáciles”, dice Olga Muñoz, residente de la vereda el Pato-Leonera.


Durante décadas este territorio ha enfrentado conflictos relacionados con la minería ilegal, especialmente en sectores asociados al Alto del Buey, así como procesos sucesivos de ocupación que incrementaron la construcción de viviendas y la ampliación de la frontera de uso del suelo al interior del área protegida. “Yo tengo varios conocidos que tuvieron inconvenientes con la autoridad ambiental y es que nos han puesto trabas para prosperar. El campo siempre ha estado en el olvido y nosotros lo que hemos hecho es cuidar la tierra, pero ya hemos llegado a algunos acuerdos”, añade Arias, vicepresidente de la Junta de Acción Comunal.
Destacado: En Peñas Blancas avanzamos en la suscripción de acuerdos individuales con familias campesinas para restaurar algunas áreas, proteger fuentes hídricas y fortalecer prácticas productivas sostenibles.
Esos acuerdos de conservación permiten construir una relación fuerte entre la comunidad y Parques Nacionales Naturales de Colombia buscando mejorar las condiciones de vida de las comunidades campesinas que habitan o colindan las áreas protegidas y conservar la riqueza natural que albergan.
Desde agosto de 2022 a diciembre de 2025 hemos firmado 1.789, que representan el cuidado de más de 80 mil hectáreas en todo el país. Son casi 400 acuerdos más que en el cuatrienio anterior y maduramos más de 200 adicionales para 2026. Esto se realiza en diálogo con la comunidad, al escuchar sus necesidades y así juntos proponer soluciones de conservación, pero también de electricidad o saneamiento básico.
“Por su parte, los campesinos cuidan los recursos naturales que hay en el área. Entre las estrategias están sembrar árboles nativos, no talar, dejar hectáreas únicamente para la conservación y ver un cambio en el uso de la naturaleza”, explica Daniel Rincón, del grupo de relacionamiento campesino de Parques Nacionales, quien lleva más de quince años liderando procesos con la comunidad.

“Yo fui aserrador, tuvimos cinco motosierras, viente mulas para sacar madera”, relata Amberg Quintero. Se explotó el cedro, después el nogal, el amarillo y el laurel hasta que se prohibió el corte de madera y se hacía un llamado a cuidar el territorio y en especial el Parque Nacional Natural Cordillera de los Picachos, área protegida aledaña a la zona de reserva campesina, en la zona de transición andino-amazónica de la cordillera Oriental, en los municipios de San Vicente del Caguán (Caquetá) y Uribe (Meta).

“Con la madera teníamos buenos ingresos para la familia, pero nuestros líderes se pusieron firmes en que teníamos que cambiar el pensamiento y cuidar el Parque. Así pasamos a sembrar café y pasto. Desde joven escuchaba de Picachos, pero ha sido de adulto que comprendo su importancia”, afirma José Vicente Romero, de la vereda San Jorge.
Para el caso del Parque Nacional Natural Cordillera de Los Picachos, los acuerdos refuerzan la estrategia de Restauración Ecológica Participativa, para la rehabilitación de zonas degradadas y la producción sostenible. El componente de conservación y protección pretende conectar áreas de bosque, recuperar cañeros o rastrojos, mejorar la conectividad en las fuentes hídricas y rehabilitar sistemas productivos mediante siembra de especies nativas.
En el componente de bienestar, por ejemplo, se invierte en paneles solares, mejoramiento de vivienda y seguridad alimentaria.
“Desde que firmé mi primer acuerdo, me motivó el interés por cuidar el medio ambiente, pero también que Parques pensaba en nuestras necesidades; en mi caso no tenía luz y me dieron un panel solar a cambio, mi compromiso es recuperar la montaña”, asegura José Vicente Romero Córdoba. Este campesino conserva la zona conocida como La Montañita con 200 hectáreas “virgencitas” que cuida mientras planta árboles y siembra fríjol y café de forma sostenible.

Cuidar la naturaleza y mejorar la calidad de vida de las personas
“Este año 2026 firmamos un acuerdo para tener placa huella, acá muchos son caminos de herradura y ya tenemos personas mayores y niños que deben tener mejores caminos, eso nos alegra”, asegura David Espitia. Este acuerdo colectivo se suscribió el pasado 20 de febrero. En esta ocasión, el instrumento permitió habilitar un mejor tramo de vía veredal, necesidad priorizada por la comunidad para mejorar la movilidad y el acceso.
La adecuación de las vías no es una intervención aislada, sino un acto de corresponsabilidad: el mejoramiento de infraestructura comunitaria está atado a compromisos ambientales concretos que buscan evitar nuevas aperturas informales de vías, reducir impactos asociados al tránsito inadecuado y fortalecer la planificación territorial concertada. “Nos comprometemos a no contaminar los nacimientos de agua, no talar los árboles, más bien reafirmamos seguir cuidando esta belleza; si los más beneficiados de tener un buen ambiente somos nosotros”, enfatiza Carlos Bolaños, residente de Peñas Blancas.

También gracias a esas conversaciones con Parques Nacionales lograron mejorar la caseta comunal de la vereda y duplicar el espacio para sus encuentros en comunidad. Ahora cuentan con baños apropiados para hombres y mujeres, un sistema eléctrico estable y una cocina. Olga Muñoz, habitante de la vereda el Pato-Leonera, recibió un panel solar y un tanque para almacenar el agua. “Con la luz ya puedo utilizar la licuadora. Antes tocaba rayar las frutas para un jugo. Además, es una bendición prender la luz en las noches y que sepan que en este territorio habita gente”.
Esta articulación permite al área protegida cumplir con sus objetivos de conservación y fortalecimiento de la relación con las comunidades para mitigar conflictos ambientales y trabajar de manera conjunta por la sostenibilidad. Así, el parque Farallones de Cali ha suscrito más de 200 acuerdos de conservación y buen vivir, de los cuales hay 81 vigentes en Cali, siete en Buenaventura y 45 en Dagua.
En las comunidades Pato Leonera, Peñas Blancas y Pueblo Nuevo hay acuerdos relacionados con ganadería regenerativa, sistemas agroforestales, cosecha de agua, invernaderos y sistemas de energías renovables direccionados al cumplimiento de los objetivos de conservación del parque y a su vez a fortalecer el tejido social.
“Estos acuerdos reflejan el entendimiento mutuo y el compromiso de los campesinos, quienes ahora son aliados en la protección del agua, los bosques y la biodiversidad”, señala Luisz Olmedo Martínez Zamora, director de Parques Nacionales Naturales.



