Serranía de San Lucas: de la disputa a la conservación

Serranía de San Lucas: de la disputa a la conservación

17 de abril de 2026

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Por: María Alejandra Moreno Tinjacá, periodista de Parques Nacionales Naturales de Colombia

“Nosotros velamos por cuidar la naturaleza, pero hay actores que lo que les interesa es talar los bosques, cazar especies, contaminar los ríos y sacar su riqueza. Ya nos mataron a un amigo, a Narciso Beleño, líder que asesinaron el 21 de abril de 2024”, estas fueron las palabras de Orlando*, quien en Bogotá hizo una presentación magistral de la Serranía San Lucas, ubicada en el Magdalena Medio. Con un mapa hecho a mano representó los puntos de minería ilegal, cultivos de uso ilícito y donde más se está deforestando.

En el mapa también se entrecruzan los actores armados presentes en el territorio: Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), Ejército de Liberación Nacional (ELN) y Estado Mayor Central, además de la presencia de las Fuerzas Militares. Este territorio está en disputa por lo que representa económicamente para el sostenimiento de las economías ilegales.

Esos intereses en el Magdalena Medio aumentan la deforestación, y los procesos de sedimentación y erosión a gran escala. “No es un secreto que en nuestro territorio hay actores ilegales, y todo lo que vierten al río nos hace daño, ahora mismo nosotros vemos cambios en el río,  tenemos menos peces, el pez capitán no lo volvimos a ver, y con la deforestación y la pérdida de biodiversidad vemos menos venados y menos monos aulladores, la naturaleza ha cambiado; además está en vía de extinción la hicotea o  tortuga de orejas naranja, ¡ay, esos animalitos que son tan hermosos!”, dice Nevinson Campo Tolosa, habitante de la región.

Las tensiones ambientales se agravan por otros fenómenos: “la presencia de diques, murallas, taponamientos de caños, desecamiento de ciénagas por presencia de búfalos, represas grandes y pequeñas que alteran la temperatura, los ritmos de creciente y los flujos de agua y sedimentos entre ríos y ciénagas, afectando ecosistemas acuáticos, la biodiversidad de toda la cuenca y los modos de vida locales”, explica Carolina Hernández, una de las investigadoras del Centro de Pensamiento Río Magdalena de la Universidad Nacional de Colombia.

Otro de los factores que ha influido en esta transformación de los ecosistemas es el crecimiento de la ganadería bufalina. “Gran parte del territorio está ocupado por vías o terrenos destinados a la cría de búfalos o al cultivo de palma, pertenecientes a empresas privadas y ahí no tenemos voz, corremos el riesgo de que estos afluentes se sequen o desaparezcan”, asegura Dayro de la Rosa, del municipio de Río Viejo (Bolívar).

“La población ha estado en medio, hemos sufrido mucho, pero tenemos claro que vamos a defender nuestro territorio”, enfatiza Orlando. Y esa  convicción, pese a las adversidades, parece ser el motor para que las comunidades sigan firmes en su convicción de defender la vida y cuidar el ambiente. En este contexto, las comunidades de la Serranía de San Lucas se unieron para defender su territorio mediante la creación del Territorio Campesino Agroalimentario (TECAM) “Paz y Soberanía de la Serranía de San Lucas”, un proceso de organización colectiva que pretende proteger sus ecosistemas y garantizar su permanencia y derechos.

También han liderado propuestas de protección que incluyen los bosques y el agua, el Cerro 1.800, el Cerro La Teta y la protección de ríos y quebradas. Así demuestran el compromiso ambiental de los habitantes bajo la premisa de una conexión con su tierra buscando su disfrute presente y el de las generaciones futuras.

Comunidades reunidas para dialogar de la Serranía de San Lucas. Crédito: Rodrigo Bahamón, Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Estas iniciativas locales de conservación han inspirado la ruta para pensar en un área protegida nacional. La categoría propuesta por Parques Nacionales Naturales de Colombia y el Gobierno nacional es un Distrito Nacional de Manejo Integrado (DNMI), que permite mantener los beneficios que ofrece la Serranía de San Lucas a las comunidades locales y al país.

Marco Gregorio Caraballo Pérez, profesional de gobernanza y participación social y de nuevas áreas en la Dirección Territorial Caribe de Parques, explica: “Con el DNMI se busca el ordenamiento ambiental del territorio que abarca los departamentos de Antioquia y Bolívar. Un trabajo que hacemos articuladamente con ministerios de Ambiente, Interior, Agricultura, entre otros, además de organizaciones sociales en las que en mesas de trabajo dialogamos para hacer una construcción colectiva que busca proteger los ecosistemas y que las comunidades tengan un buen vivir”.

El 2024, durante la histórica COP16 de Cali, se firmó el “Acuerdo de Serranía de San Lucas por el ordenamiento alrededor del agua, el cuidado ecosistémico, la biodiversidad y la paz con la naturaleza” entre once organizaciones sociales de la Serranía y los tres ministerios (Ambiente, Agricultura y Minas), el cual representó para las comunidades una renovación del compromiso del Gobierno con una propuesta de ordenamiento territorial para la vida en la Serranía.

En 2025 realizaron visitas al territorio y reuniones con las alcaldías de los 12 municipios incluidos en la propuesta de área protegida para informar sobre el estado de avance de la iniciativa, actualizar la lectura del contexto territorial y concertar acciones conjuntas.

Un hito muy importante en esta historia fue el Encuentro Regional por la Vida y la Naturaleza en Tiquisio. En noviembre de 2025 una delegación liderada por Parques con el apoyo de varios ministerios llegó a poner en común la propuesta y aclarar inquietudes sobre la permanencia de las comunidades en su terruño, el uso sostenible de la actividad minera, agricultura, formalización de tierras, forestería comunitaria, entre otros.

Antonio Martínez, jefe del Parque Nacional Natural Paramillo, participó en el “Encuentro Regional por la Vida y la Naturaleza” en Tiquisio. Crédito: Rodrigo Bahamón, Parques Nacionales Naturales de Colombia.

Para las delegaciones que se movilizaron desde Bogotá y otras ciudades fue la oportunidad perfecta para navegar por el río Magdalena, contemplar la belleza de la cuenca y la transición del río a las ciénagas. Esas aguas proveen el sustento de las comunidades de pescadores que viven en sus orillas.

Comunidades de la Serranía San Lucas en el “Encuentro Regional por la Vida y la Naturaleza”. Crédito: Rodrigo Durán Bahamón.

Tras más de cuatro horas en lancha, asoma imponente y con fuerza el Cerro de la Teta, el punto más alto de la Serranía de San Lucas en el sur del departamento de Bolívar, símbolo de la región. Esa imagen de ensueño y digna de una postal contrasta con la realidad de los territorios aledaños que viven con aguas contaminadas por mercurio, con un acceso deficiente al servicio de salud y con electricidad inestable. “Usted acá no sabe cuánto tiempo tenga luz, la constante es que no haya y eso que estamos en pleno siglo XXI”, reprocha una lugareña, quien además asegura que tanta belleza y riqueza natural debe cuidarse, lo que reafirma la necesidad de la propuesta del área protegida.

Cerro de la Teta. Serranía San Lucas. Crédito: Rodrigo Durán Bahamón.

Trabajar por el bien de todos, la premisa que mueve al territorio

“Dicen que nosotros somos pobres, eso es mentira, lo que pasa es que nos han empobrecido: con la contaminación del agua con mercurio para sacar oro y las construcciones de grandes hidroeléctricas nos han sacado del territorio y vemos que tenemos menos peces, menos territorio…”, enfatiza uno de los pescadores del Magdalena Medio.

Y otra lideresa añade: “Nosotros lo que teníamos era abundancia de agua, de peces, de bosques y  ahora como hacen minería a cielo abierto y mueven la tierra lo que tenemos son lodazales, los peces muertos y nosotros padeciendo hasta hambre mientras otros se enriquecen”. Así de elocuentes fueron los testimonios durante el Encuentro Regional por la Vida y la Naturaleza en Tiquisio.

Fue un espacio en el que se manifestaron las penurias, las tristezas y el olvido del Estado, además de dudas sobre la propuesta del área protegida. “A nosotros nos estaban diciendo que Parques quiere sacarnos de nuestras tierras y que no nos iban a dejar hacer minería, si de eso he vivido toda la vida: soy minero con orgullo y de corazón, pero hoy entendí que podemos seguir con nuestra minería artesanal y no a gran escala como lo hacen otros”, dijo uno de los mineros de Santa Rosa.

Entre dudas, diferencias y con algo de temor, la comunidad avanzó en el diálogo social necesario para crear el Distrito Nacional de Manejo Integrado. Su formulación, además de preservar la biodiversidad, protegerá los remanentes de coberturas naturales, bosque húmedo subandino y selva húmeda tropical, localizados en los departamentos de Bolívar (Tiquisio, Norosí, Río Viejo, Arenal, Morales, Santa Rosa del Sur, San Pablo, Cantagallo, Montecristo y Simití) y en el departamento de Antioquia (El Bagre y Segovia). El área contenida en la propuesta cubre más de 480 mil hectáreas.

“La serranía es hermosa, hay muchos animales, vimos el jaguar, aves y guardatinajas, esos son roedores grandes. En cultivos hay café, cacao, mandarinas y aguacates. Yo viví cinco años y trabajando con la comunidad, pero la guerra siempre desplaza y trae misterio en tanta belleza, de ahí la importancia de avanzar”, reconoce el párroco mientras destaca una mayor conciencia de los pobladores para cuidar el ambiente.

En la Serranía San Lucas habita este hermoso e imponente Jaguar. Foto cámaras trampa.

En ese avance, que va al paso de cómo se dan los diálogos, “tenemos la convicción que sí se puede conservar, creemos en que las personas pueden cumplir sus sueños y tener una vida en paz con una buena calidad de vida, en armonía con la naturaleza. Realmente creo que este sueño es posible”, concluye Marco Gregorio Caraballo Pérez.

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