Nuevos senderos para el conocimiento y la conservación: así cuidamos el bosque seco tropical

Nuevos senderos para el conocimiento y la conservación: así cuidamos el bosque seco tropical

21 de junio de 2026
  • En zonas como el Santuario de Fauna y Flora Los Colorados, en Bolívar, la adecuación de senderos y áreas para visitantes ayuda a transformar la relación entre las comunidades y uno de los ecosistemas más amenazados de Colombia.

En Los Montes de María, entre el sonido de las aves y los árboles que han vuelto a crecer después de décadas de deterioro, Iván Villalba, guardaparque del Santuario de Fauna y Flora los Colorados, camina como quien recorre una parte de su propia historia.

Lleva casi 30 años trabajando en el Santuario y lo vio cuando gran parte del bosque seco tropical estaba degradado, cuando la expansión de las fronteras agrícolas transformaba el paisaje y muchas especies desaparecían rápidamente. Para su fortuna, también ha visto cómo el ecosistema comenzó a recuperarse.

“Comenzamos con un bosque seco tropical completamente deteriorado y ahora podemos decir que el área se encuentra un 95 % recuperada”, menciona mientras avanza por uno de sus senderos. Para él, Los Colorados es más que un área protegida: “esta es mi vida” afirma con orgullo. 

Hoy este santuario hace parte de una apuesta más amplia de Parques Nacionales Naturales por fortalecer la infraestructura ecoturística en las áreas protegidas. Así se mejora la experiencia de quienes las visitan mientras se reducen impactos sobre los ecosistemas y se potencian procesos de conservación.

Uno de esos proyectos es el sendero Planeta Bosque, un recorrido de 2,2 kilómetros adecuado en Los Colorados para facilitar actividades de educación ambiental, interpretación del bosque seco tropical y avistamiento de aves en uno de los ecosistemas más amenazados de Colombia.

En los últimos años, la entidad ha intervenido cerca de 70 kilómetros de senderos ecoturísticos, incorporando miradores, pasarelas, puentes, mobiliario y espacios de contemplación para ordenar las visitas y mitigar impactos sobre los ecosistemas.

La apuesta va más allá de Los Colorados. En distintas áreas protegidas, como Tayrona, Los Nevados, Sierra de la Macarena, Guanentá Alto Río Fonce, Parques Nacionales Naturales comenzó a incorporar la infraestructura ecoturística dentro de la planeación de las áreas, buscando que esos senderos, miradores y espacios de interpretación también ayuden a conservar el patrimonio natural.  Por eso, en Los Colorados los senderos son espacios para entender por qué este bosque sigue siendo clave para la biodiversidad y el equilibrio ecológico del Caribe colombiano.

Desde 1997, Iván ha sido testigo de cómo el santuario pasó de tener zonas altamente deterioradas a procesos de recuperación que hoy permiten hablar nuevamente de bosque secundario, bosque primario e incluso relictos de bosque primitivo. En medio de esa transformación han aparecido especies como el carreto, pava congona, ocelote y mono colorado, además de reactivar procesos ecológicos que durante años parecían perderse, como la regeneración natural del bosque seco tropical o la recuperación de bosques de galería asociados al arroyo de Los Cacaos. Según los monitoreos realizados, el Santuario alberga 289 especies de aves, 44 de mamíferos y diferentes reptiles, anfibios y peces adaptados a ecosistemas de agua salobre.

Parte de ese proceso también ha comenzado a transformar la relación entre las comunidades y el bosque. Gustavo Barrios, comerciante de San Juan Nepomuceno y aficionado al avistamiento de aves, asegura que esta área se ha convertido en uno de los lugares más importantes de la región para quienes buscan conectarse con la naturaleza.

“El Santuario de Fauna y Flora Los Colorados es un verdadero aeropuerto para aves nativas y migratorias”, explica. “Aquí encuentran las condiciones necesarias para alimentarse y sobrevivir”.  Para él, el sendero ha fortalecido actividades de turismo de naturaleza y avistamiento de aves en una región donde el bosque seco tropical todavía enfrenta enormes desafíos de conservación.

La infraestructura ecoturística busca justamente eso: permitir que más personas recorran el área sin generar afectaciones al ecosistema, al tiempo que nuestros guardaparques fortalecen procesos educativos y experiencias de conexión con la biodiversidad.

“La idea es proteger estos paraísos que nos brinda la naturaleza”, dice Gustavo mientras describe algunas de las especies nativas que sobreviven en el bosque seco, como el mamón de María, el tamarindo macho y el camajón. 

Después de casi tres décadas caminando este bosque, Iván sigue convencido de que la mejor forma de preservarlo es lograr que más personas entiendan su importancia. Desde uno de los puntos altos del sendero, con la arboleda de los Montes de María a sus pies, resume así el significado de este territorio: “Es la vida de toda la región Caribe colombiana”.

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