Así construímos nuestra casa común en la frontera con Ecuador

Así construímos nuestra casa común en la frontera con Ecuador

21 de junio de 2026
  • En los últimos cuatro años Parques Nacionales Naturales de Colombia ha realizado 361 intervenciones de infraestructura en más de 50 áreas protegidas, con inversiones superiores a los 130 mil millones de pesos. En el sur del Pacífico nariñense, una de esas obras fortalece el trabajo conjunto con las comunidades para conservar una de las zonas marino-costeras más biodiversas de nuestro país.

En el Distrito Nacional de Manejo Integrado Cabo Manglares, Bajo Mira y Frontera, una nueva sede operativa mejora las condiciones para monitorear, restaurar, investigar y trabajar con las comunidades de la región. 

Durante años, muchas de estas actividades dependían de largos desplazamientos, espacios prestados y condiciones limitadas para permanecer dentro del área protegida. Los encuentros con las comunidades debían realizarse fuera de la zona y algunas jornadas terminaban reducidas por falta de un espacio adecuado para coordinar procesos ambientales e intercambiar experiencias y conocimientos.

Por eso, cuando comenzó la construcción de la nueva sede dentro de Cabo Manglares, el proyecto empezó a adquirir otro significado para la población de Bajo Mira y Frontera. Por primera vez tendrían un espacio permanente para reunirse, desarrollar actividades ambientales y fortalecer procesos alrededor de la conservación de los manglares y ecosistemas marino-costeros.

“Antes no teníamos un lugar aquí mismo para reunirnos, organizarnos o hablar de conservación. Hoy esta casa también es para las comunidades”, dice Keni Sinisterra, vicepresidenta de la Junta de Gobierno de Bajo Mira y Frontera, mientras recorre la infraestructura construida entre manglares y esteros junto a los guardaparques.

El Distrito Nacional de Manejo Integrado Cabo Manglares protege más de 190 mil hectáreas de ecosistemas estratégicos para la conservación de manglares, especies marinas y prácticas tradicionales de las comunidades afrodescendientes que históricamente han habitado esta zona del Pacífico nariñense.

El desarrollo de infraestructura en áreas protegidas como Cabo Manglares implica, por ejemplo, desafíos asociados a las mayores distancias, las condiciones climáticas de pluviosidad y humedad, y a las limitaciones de acceso y servicios básicos en territorios remotos del Pacífico colombiano. 

Su diseño incorpora estrategias pasivas y bioclimáticas para adaptarse al entorno, como ventilación cruzada, aislamiento térmico, protección frente a lluvias intensas y responder a las dinámicas del agua. Además, el uso de madera y otros materiales de baja huella de carbono busca armonizar con el paisaje y con la arquitectura característica del Pacifico colombiano.

Óscar Antonio Alzate Arbeláez, coordinador del Proyecto Pacífico Biocultural, explica que fortalecer la capacidad operativa dentro del área protegida era una necesidad prioritaria para avanzar en los procesos de conservación.

“Si queríamos hacer monitoreo, restauración y trabajar realmente dentro del área protegida, necesitábamos estar aquí. La sede era prioritaria porque permite operar, investigar y permanecer en la zona”, señala.

La sede cuenta con espacios para oficinas, operación logística y alojamiento de investigadores y otros equipos técnicos. Con el tiempo, además, el lugar comenzó a consolidarse como punto de encuentro para jornadas ambientales, espacios de coordinación y actividades comunitarias relacionadas con la conservación de la flora y fauna características del lugar.

“Con las cabañas aquí nos queda mucho más fácil convocar a las comunidades y hacer reuniones sobre los temas ambientales que necesitamos trabajar”, cuenta Alfredo Alfonso Caicedo, fiscal de la Junta de Gobierno del Consejo Comunitario Bajo Mira y Frontera.

Desde allí, por ejemplo, Parques adelanta actividades relacionadas con restauración de manglares, conservación de especies marinas y formación comunitaria alrededor del cuidado ambiental.

“Nosotros dependemos del manglar. Ahí está el sustento de nuestras comunidades: la piangua, el piacuil, los mariscos. Por eso conservar estos ecosistemas también es cuidar la vida de la gente”, afirma Alfredo Caicedo.

La sede de Cabo Manglares es muestra de una apuesta más amplia de Parques Nacionales por fortalecer las condiciones de gestión, permanencia institucional y trabajo conjunto con las comunidades en distintas áreas protegidas del país. En los últimos años la entidad ha desarrollado nuevas sedes operativas y adecuaciones en territorios como Los Nevados, Vía Parque Isla de Salamanca, Katíos, Puracé, Utría y Gorgona, donde la infraestructura potencia labores de investigación, monitoreo, trabajo comunitario y permanencia de los equipos en campo. Solo en el presente cuatrienio 21 sedes nuevas o ampliadas mejoran y dignifican la presencia institucional en territorio. 

En Cabo Manglares, eso se traduce en un espacio donde comunidades, equipos técnicos e investigadores pueden coordinar acciones, impulsar procesos ambientales y acompañar el cuidado de un ecosistema fundamental para cientos de familias del Pacífico nariñense.

“Estamos muy agradecidos. Hay que seguir trabajando y cuidando nuestro manglar”, dice Keni Sinisterra mientras observa la sede construida junto a los esteros.

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