Parques Nacionales Naturales Sanquianga y Gorgona: cuando la conservación se construye desde las comunidades
En la subregión Sanquianga-Gorgona, en el Pacífico sur colombiano —un territorio que alberga la mayor extensión continua de manglar del Pacífico oriental tropical, desde Perú hasta México—, 325 familias afrocolombianas, cerca de dos mil personas, fortalecen los acuerdos de uso y manejo existentes entre las comunidades de pescadores artesanales —incluidos recolectores y recolectoras de piangua— y los Parques Nacionales Naturales de Sanquianga y Gorgona, con el propósito de consolidarse como aliadas estratégicas de la conservación.

Por Miguel Ángel Pachón Muñoz
El día empieza antes que la luz. En los esteros del Parque Nacional Natural Sanquianga, cuando la marea aún respira entre las raíces del mangle, las piangüeras y pescadores ya están en faena. Hundidas en el lodo, buscan piangua con la misma paciencia con la que sus mayores les enseñaron a leer el territorio. Aquí no solo se recoge alimento: se sostiene la vida.
Sanquianga no es únicamente un área protegida al cuidado del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia: es un territorio habitado. Sus 49 veredas están pobladas por comunidades negras cuya relación con el manglar ha sido, por generaciones, un pacto de equilibrio. La pesca artesanal y la recolección han definido su economía, pero también su identidad.
Sin embargo, durante años, el mayor desafío no estuvo en sacar el pescado del agua, sino en conservarlo.
En una región donde el acceso a la electricidad es limitado e inestable —dependiente de ruidosas plantas diésel contaminantes que operan apenas unas horas al caer el día—, el calor del Pacífico puede arruinar en cuestión de horas el esfuerzo de toda una jornada. El pescado debe venderse con urgencia, muchas veces a precios bajos; lo que no logra comercializarse a tiempo, se pierde.
Esa fragilidad en la cadena de frío no solo afecta los ingresos de las familias: también aumenta la presión sobre los ecosistemas. Si se pierde producto, hay que pescar más.
Hoy, esa historia empieza a cambiar.

A través del Convenio KFW-CCON N° 002 DE 2024 – Buenas Prácticas de Pesca-Pacífico sur Parques Nacionales Naturales de Colombia- KfW- Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico, se logró el fortalecimiento de la infraestructura comunitaria, mejoramiento de infraestructura e instalación de sistemas fotovoltaicos.
En los Consejos Comunitarios de Playas Unidas, Punta Mulatos, Gualmar, Río Sanquianga, Bajo Tapaje, Bazán y ODEMAP Mosquera Norte, el paisaje cotidiano incorpora un elemento nuevo: congeladores de gran capacidad alimentados por sistemas solares. La presencia constante de estos equipos, en medio de la selva húmeda, marca una transformación profunda.
Ya no se trata de vender con urgencia. Se trata de conservar, planificar y negociar.
La cadena de frío, fortalecida con 50 congeladores de 508 litros y 14 sistemas solares fotovoltaicos, permitirá que las comunidades mantengan la calidad del pescado por más tiempo, generen valor agregado, accedan a mejores mercados y reduzcan las pérdidas poscaptura.
Pero este cambio no llegó solo. Vino acompañado de un robusto fortalecimiento de la infraestructura comunitaria que hoy se siente en cada faena y en cada una de las casetas adecuadas por las comunidades.
Se entregaron 33 motores fuera de borda que facilitan la movilidad en ríos y esteros; 16 canoas de fibra de vidrio que mejoran la seguridad y la capacidad de transporte; y se realizó el mejoramiento de 12 infraestructuras comunitarias destinadas al manejo y almacenamiento del producto pesquero.
A esto se suman cuatro empacadoras al vacío, que elevan los estándares de calidad e inocuidad, así como dotaciones complementarias para las labores diarias de pesca.

Inversiones entregadas a las comunidades de las zonas de influencia de los Parques Nacionales Sanquianga y Gorgona, para el fortalecimiento de los procesos de empaque, comercialización y cadena de frío de los productos obtenidos a partir de recursos hidrobiológicos y pesqueros.
La transformación también alcanzó otras dimensiones de la economía local. En varias comunidades, como Punta Mulatos se fortaleció la infraestructura para iniciativas de turismo y hospedaje comunitario, mediante la entrega de neveras, colchones, baterías de cocina y elementos de pesca, permitiendo mejorar la atención a visitantes y diversificar las fuentes de ingreso. Todas las iniciativas cuentan con suministro y dotación de elementos y equipos para el almacenamiento y uso de agua lluvias.
En conjunto, no son solo equipos: son herramientas que amplían las oportunidades.
“Antes tocaba vender como fuera”, dice un pescador de Pampa Chapila – Nariño, mientras descarga su jornada. “Ahora, gracias al apoyo de Parques Nacionales Naturales y de la Cooperación Alemana, podemos guardar, esperar un mejor precio, organizarnos”.

La dotación de 50 congeladores de 508 litros a las comunidades beneficiarias, permitirá la producción de hielo y la conservación de los productos pesqueros para su posterior comercialización
Esa posibilidad de decidir cambia las reglas del juego. Reduce la dependencia de intermediarios, fortalece la autonomía comunitaria, fortalece las instancias de participación social y, al mismo tiempo, protege el ecosistema. Porque al disminuir las pérdidas, también disminuye la necesidad de sobreexplotar los recursos.
Sanquianga, que concentra el 53 % de los manglares de Nariño y cerca del 20 % del Pacífico colombiano, es uno de los ecosistemas más productivos del país. Sus esteros, alimentados por ríos como el Patía, el Tapaje y el Sanquianga, son criaderos naturales de peces, crustáceos y moluscos.
Proteger este territorio no es solo una tarea ambiental. Es una condición para la supervivencia cultural y económica de sus comunidades.
Por eso, los acuerdos de uso y manejo entre las comunidades y Parques Nacionales Naturales de Colombia han cobrado un nuevo sentido: ya no son únicamente compromisos, sino procesos respaldados por condiciones reales para su cumplimiento.
La cadena de frío es una de esas condiciones. La infraestructura comunitaria, otra. La diversificación productiva, una más.
Estas acciones hacen parte del Convenio KfW-CCON N.° 002 de 2024, una alianza entre Parques Nacionales Naturales de Colombia, la cooperación alemana —a través del Banco de Desarrollo KfW y el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ)— y el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP).
Con una inversión cercana a los 3.800 millones de pesos, la iniciativa buscó fortalecer la cadena de valor de la pesca artesanal y mejorar las condiciones sociales y económicas de las comunidades.
Más de 325 beneficiarios en Cauca y Nariño participaron en este proceso que combinó capacitación, asistencia técnica, dotación de equipos y fortalecimiento organizativo.

El apoyo de la cooperación internacional alemana – KfW- también permitió dotar a las comunidades beneficiarias, con 16 canoas en fibra de vidrio y 33 motores fuera de borda.
Al caer la tarde, las canoas regresan. El pescado ya no será una urgencia que se agota con el día: ahora es un producto que puede esperar, que puede ser mejor valorado.
En los manglares, la vida sigue su curso. Las raíces respiran, las aves cruzan el cielo, las piangüeras se internan nuevamente en el lodo al amanecer.
Sanquianga y Gorgona enseñan que la sostenibilidad no siempre se anuncia con grandes discursos. A veces llega en forma de un panel solar que enciende un congelador en medio de la selva, de un motor que acorta distancias, de una cocina que recibe visitantes.
O de una comunidad que, con nuevas herramientas, reafirma un conocimiento antiguo: cuidar el manglar es cuidar la vida.


