Más opciones, menos tensiones. La nueva economía en los Parques Nacionales Naturales
- Más de 2,5 millones de visitas al año y cientos de familias vinculadas muestran un giro inesperado: la conservación dejó de ser solo restricción y empezó a convertirse en una oportunidad económica organizada.
Lucy Arimuya revisa las habitaciones antes de que lleguen los visitantes, organiza los tendidos de las camas, coordina la comida y luego sale a hacer el recorrido por la selva. Hace algunos años, en su comunidad Mocagua, zona de influencia del Parque Nacional Natural Amacayacu, en el Amazonas, las oportunidades eran escasas y vivir del turismo era incierto. Hoy forma parte de una cadena que genera ingresos para su resguardo y que cambió la relación entre su comunidad y el territorio.
“Nosotros, los emprendimientos, generamos trabajo a los mismos comuneros. Aparte del ecoturismo, tenemos mejoramiento de vida y brindamos empleo a nuestros propios paisanos”, dice. No habla de cifras ni de planes. Habla de organización, de estabilidad y de un futuro que antes parecía lejano.
Lo que ocurre en Mocagua no es un caso aislado. Es la punta visible de una transformación más amplia que empieza a tomar dimensión nacional.

Un aumento que obliga a repensar la conservación
Colombia superó por primera vez las 2,5 millones de visitas anuales identificadas oficialmente a las áreas protegidas con vocación ecoturística. Eso supone un registro histórico que hoy consolida el seguimiento sistemático de visitantes en el país. Lo que hace una década parecía imposible, hoy es una realidad: los Parques Nacionales Naturales son escenario de oportunidades para las comunidades de una manera organizada.
Actualmente 26 áreas protegidas reciben turistas bajo esquemas compatibles con la conservación. Más de 872 familias están vinculadas directamente con actividades ecoturísticas y, en los últimos dos años, 538 prestadores de servicios fortalecieron sus capacidades mediante procesos de formación, gracias al acompañamiento institucional y a recursos de cooperación.
Pero la magnitud no solo se mide en número de personas que ingresan, también se dimensiona en el cambio de relación con las regiones. Un ejemplo es el Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena. Allí, el ecoturismo beneficia a más de 250 familias. En otras áreas protegidas, como el Parque Nacional Farallones de Cali, ubicado en el Valle del Cauca, las asociaciones comunitarias organizan el ingreso a senderos que antes recibían visitantes sin control. Así, el turismo no creció solo en número, creció en organización, conocimiento y beneficio para las comunidades.

Cambiaron las reglas y las percepciones
Durante años la conversación sobre el cuidado de la naturaleza fue para muchos sinónimo de prohibición, límites, restricciones y de un impedimento para progresar. El verdadero cambio llegó cuando muchas personas en las regiones comprendieron que el ordenamiento no era un obstáculo, sino una condición esencial para que la actividad fuera sostenible.
En los Parques Nacionales Naturales ya fueron formulados y actualizados 21 planes de ordenamiento ecoturístico (POES). Eso permitió definir dónde, cómo y con quién se desarrolla la actividad ecoturística. Así, la visita dejó de ser algo esporádico y se transformó en una estrategia de conservación donde cada actor sabía cuál era su papel. Ya no se trata sólo de cuántos ingresan, sino de cómo se distribuyen, qué protocolos siguen y cómo se integran las comunidades en esa cadena de oportunidades.
En Corales del Rosario, el proceso permitió avanzar hacia esquemas de comanejo con autoridades étnicas. En la Macarena, ayudó a diversificar la oferta más allá de Caño Cristales y distribuir mejor los visitantes.
Ese nuevo orden posibilitó que el beneficio económico no se dispersara y que todos los operadores se organizaran, articulando servicios, regulando flujos de visitantes y vinculando a las personas de la comunidad como prestadores formales de servicios.

No todo depende del ecoturismo
No todas las oportunidades llegan con visitantes. En distintos sitios, comunidades que antes dependían de actividades que afectan las áreas protegidas hoy fortalecen iniciativas asociadas al cacao, la miel, el café y otros productos compatibles con el respeto de la biodiversidad. Se trata de emprendimientos que funcionan bajo una lógica sencilla: si el bosque se degrada, el ingreso desaparece.
En la Serranía de los Yariguíes, productores de cacao articulan su actividad con procesos de conservación acompañados por Parques Nacionales Naturales,incorporando mejores prácticas de uso, manejo y aprovechamiento de los sistemas biológicos. En otras regiones, iniciativas como Zewuaki, en zona de influencia del Parque Nacional Natural Munchique, combinan conocimiento tradicional, sostenibilidad y acceso a mercados. En estos casos, la biodiversidad no es un obstáculo para el desarrollo. Es el activo productivo que contribuye a la economía local.
Más que visitantes
La cifra de 2,5 millones de visitantes anuales a los Parques Nacionales Naturales, más de 8 millones en el cuatrienio, podría parecer solo un éxito para el turismo. En realidad es un indicador más complejo: millones de personas entrando a ecosistemas frágiles bajo reglas diseñadas para que esa presencia no cause daño, contribuya a la protección de las áreas y como una forma de hacer pedagogía sobre la protección de un patrimonio natural del planeta.
El desafío es significativo. A medida que aumenta el flujo de visitantes en las áreas protegidas crece la necesidad de monitoreo, educación ambiental y corresponsabilidad. El turismo sin regulaciones puede convertirse en una presión; pero con reglas claras, puede fortalecer el manejo coordinado a nivel local y reducir prácticas de mayor impacto en la naturaleza.
Lucy Arimuya, emprendedora del Parque Nacional Natural Amacayacu lo dice de una manera más simple: “tenemos mejoramiento de vida”. Por eso, en un país donde la biodiversidad es uno de los activos más grandes, la pregunta dejó de ser si se puede producir dentro de los parques. “Ahora pensamos cómo hacerlo sin perder aquello que los hace especiales”.


