El bosque no se vende, se transforma. Los cambios que trajo la bioeconomía en el Cauca
- El vapor espeso comienza a salir lentamente del alambique mientras Jainer Zambrano revisa el termómetro.
- El aroma de las hojas recién cortadas invade el pequeño cuarto donde funciona Zewuaki, un bionegocio que nació en el resguardo de Honduras, municipio de Morales, Cauca, en la zona de influencia del Parque Nacional Natural Munchique.
“No cultivamos por cultivar, ni tampoco producimos por producir, nosotros tenemos un gran respeto por el medio ambiente, por la naturaleza, por la tierra, por la madre tierra y a partir de ahí es donde hacemos todo el proceso” explica Jainer, emprendedor del territorio indigena de Honduras, zona de influencia del PNN Munchique.
Zewuaki nació en 2020 a partir de un proyecto de cooperación que llegó al territorio por medio de Parques Nacionales Naturales, para fortalecer la sabia medicina ancestral junto a las mismas comunidades. Lo que empezó como un proceso colectivo fue tomando, con el tiempo, una forma empresarial.
“Para nosotros eso ha sido una oportunidad buenísima”, recuerda Jainer. Con el paso del tiempo, el proyecto se reinventó y adoptó el nombre de Zewuaki, inspirado en la lengua nasa yuwe, una palabra que, según explica, “nos invita a la sostenibilidad, al cuidado, a la protección de los recursos naturales”.
Hoy producen 23 referencias de aceites esenciales mediante la técnica de arrastre con vapor de agua. Para ellos las fases lunares y las condiciones específicas del día y la estación marcan el ritmo del proceso, desde la siembra de la semilla hasta la cosecha y envasado del producto.
Diez personas están vinculadas directamente al proyecto. Hay jóvenes, mujeres y víctimas del conflicto armado, mientras otras familias participan como proveedoras de plantas medicinales.
“Le hemos quitado estas personas a la guerra, a ese sinnúmero de situaciones que se presentan en nuestro país, y los hemos convencido de que hay una forma de poder generar ingresos y no generalmente es con cultivos de uso ilícito”, afirma Jainer.
El respaldo de Parques ha sido constante. “Si caminas tú solo vas a llegar a un punto, pero si vas acompañado el camino va a ser más suave. Para nosotros ha sido muy importante y muy significativo ese acompañamiento de Parques Nacionales”, señala. El apoyo incluyó capacitación técnica en fertilización y manejo de plagas, diseño de etiquetas y visibilidad comercial. “Tuvimos la posibilidad de estar en Agroexpo y eso para nosotros ha sido algo fundamental”.
Entre 2024 y 2025, 206 emprendimientos de bioeconomía vinculados con las áreas protegidas fueron fortalecidos en procesos de capacitación técnica y comercial. En Agroexpo 2025, 27 emprendimientos articulados al stand institucional registraron ventas por más de 120 millones de pesos durante once días y una visibilización de más de 89 mil personas gracias a la marca de Parques.
El Cauca no es la única región donde la conservación empezó a verse como oportunidad productiva.
En la Serranía de los Yariguíes, en el Carmen de Chucurí (Santander), el proceso partió de una tensión distinta. “En el año 2016 se presentó un tema con los mejoratarios”, explica Aleida Smitello Sierra, representante de la Asociación de Mejoratarios de la Serranía de los Yariguíes. Eran familias con títulos de mejora dentro del área protegida que enfrentaban la incertidumbre sobre el futuro de sus fincas. “Estábamos como muy escépticos, como que era la comunidad contra las instituciones”, recuerda.
La respuesta fue organizarse. Junto con Parques Nacionales Naturales y otros actores, nació el proyecto Sistemas Sostenibles para la Conservación y el esquema de Pagos por Servicios Ambientales. En 2020 comenzó una etapa de gestión y acompañamiento técnico. “En Parques siempre estuvieron con nosotros, apoyándonos en capacitaciones, en qué cultivo era viable para los mejoratarios”.
Tras evaluar opciones como café o ganadería, el camino fue el cacao. “Fue como con otra idea, como con otra perspectiva de cómo hacer, de cómo sacar un buen cultivo, de cómo hacer para que en realidad fuera rentable”, explica Aleida. Las capacitaciones incluyeron siembra, abono y fertilización. Hoy, la mayoría de los cultivos está en producción. “Sí ha mejorado porque, al haber mayor producción de cacao, se nos mejora muchísimo más el tema económico, el tema de familia también, el estudio para nuestros hijos”, dice Aleida Smitello.
Más allá del ingreso, el cambio fue en las relaciones. “La confianza se generó después de que se hizo todo un trabajo de formulación, de reuniones, de qué es lo que ustedes quieren, qué es lo que a ustedes les sirve en la finca”, afirma.
La lección es la misma para el vapor del Cauca y las mazorcas de cacao en Santander: el bosque deja de ser visto como límite y empieza a ser entendido como condición de sostenibilidad.
Las cifras muestran el crecimiento y en cada territorio el cambio se mide en decisiones cotidianas: sembrar bajo criterios ambientales, dejar parte de la finca reservada para un bosque, apostar por valor agregado en lugar de ampliar la frontera agrícola. Jainer lo resume en una palabra: “sostenibilidad”. Y en esa ecuación donde están empresas, entidades territoriales y comunidades con acompañamiento institucional, la conservación deja de ser una restricción y empieza a convertirse en oportunidad organizada.


