Así es el esfuerzo inmenso de restaurar áreas deforestadas
En los últimos tres años sumamos más de 71.000 hectáreas a procesos de restauración ecológica. Eso significa un crecimiento superior al 150 % con respecto a las áreas restauradas entre 2006 y 2022. Para lograrlo, fortalecimos la capacidad técnica de los equipos de guardaparques y vinculamos a las comunidades locales. Encuentra aquí un relato de esperanza.
Por: María Alejandra Moreno Tinjacá
“El proceso de restauración es una labor muy bonita: es aportar a la naturaleza, al medioambiente y a nuestra propia comunidad. Es una tarea vital para recuperar nuestros ecosistemas y asegurar que sigan dándonos vida”. Lo dice Eneil Matute, guardaparque de la línea de restauración en el Parque Nacional Natural Serranía de Manacacías, quien no esconde la satisfacción del deber cumplido y la esperanza de reverdecer ecosistemas afectados por la tala y la ganadería extensiva.
A las sabanas inmensas de la Orinoquia —que están conectadas con la Amazonia— regresan ahora las dantas, familias de venados, osos palmeros, zorros e incluso hay rastros de osos hormigueros (socarros) y armadillos.
Algunas estrategias usan la restauración pasiva, un proceso de recuperación natural que experimenta un ecosistema cuando se regenera por sí mismo, especialmente en áreas degradadas por quemas o intervención humana. El cuidado y vigilancia de los guardaparques busca evitar nuevas presiones o la llegada de especies exóticas o invasoras a las áreas en proceso de restauración.
La restauración ecológica es clave en las estrategias de conservación de Parques Nacionales y el Ministerio de Ambiente. El propósito es recuperar ecosistemas degradados con ayuda de comunidades vinculadas mediante acuerdos de conservación. Así fomentamos la adaptación al cambio climático y promovemos la conectividad biológica, garantizando que la naturaleza pueda sanarse y siga ofreciendo sus servicios esenciales.
Solo entre 2023 y 2025 implementamos acciones de restauración ecológica en 71.580 hectáreas de 52 áreas protegidas, vinculando siempre a comunidades campesinas, negras e indígenas. Para lograrlo, invertimos más de 50.000 millones de pesos del Presupuesto General, del FONAM y de recursos de compensaciones ambientales y cooperación internacional.
Desde 2006 Parques Nacionales ha logrado intervenir 118.544 hectáreas en procesos de restauración. No obstante, solo en el periodo 2023-2025 esa gestión institucional logró una dinamización sin precedentes en la historia ambiental del país. Mientras que en diciembre de 2022 el acumulado era de 46.955 hectáreas restauradas, en estos últimos tres años añadimos 71.580 hectáreas. Lo logramos fortaleciendo los equipos de restauración, los procesos de monitoreo y de mantenimiento, y la producción de plántulas.
La entidad habilitó nuevos viveros para la producción de material vegetal. Hoy tenemos 61 viveros en 33 áreas protegidas donde buscamos propagar más de 500 especies de diferentes tipos de ecosistemas. En el vivero de la Serranía de Manacacías, por ejemplo, recogemos semillas durante las rutas de prevención, vigilancia y control.
El guardaparque Eneil Matute explica: “Tenemos sitios identificados con árboles semilleros y, dependiendo de la temporada de floración y maduración, nos dirigimos a ellos para recolectar las semillas necesarias. Tras la recolección, procedemos con el proceso técnico de diseminación, extracción y, finalmente, la germinación”.
En el Parque Nacional Natural Los Nevados, los guardaparques mantienen un vivero de alta montaña donde reproducen especies nativas como Espeletia hartwegiana , el único frailejón presente en el parque. “Nuestro vivero en Potosí está a 3.850 metros sobre el nivel del mar. Manejamos especies de alta montaña, solo especies nativas”, indica la guardaparque Sandra Hernández. Las semillas recolectadas en campo germinan en camas húmedas controladas, hasta alcanzar el tamaño adecuado para su trasplante. “Acá tengo una especie de Espeletia hartwegiana. Ya lleva unos seis meses desde que germinó la semilla y en este momento vamos a hacer el trasplante a bolsa”, explica la profesional.
La restauración también es habitual en ecosistemas marino-costeros donde trabajamos arduamente para restablecer la conectividad hídrica de los caños y espejos de agua. Lo logramos mediante la remoción de obstáculos como troncos y raíces que estrangulan los cauces y grandes plantas acuáticas como la taruya y la enea que impiden la circulación del agua.
En la Ciénaga Grande de Santa Marta los guardaparques restauran manglares con el sistema de chinampas: cuadros de 1,20 por 1,20 metros tejidos con fibras de la planta enea, una especie invasora que sirve de cerco para evitar que entren otras plántulas.

“Todos los días uno de nosotros o todo el equipo venimos haciendo mantenimiento de malezas acuáticas. Si hay algún evento natural, venimos el mismo día o al siguiente a mirar cómo nos ha afectado”, comenta Juan Wong, guardaparque del área de restauración de ese santuario de flora y fauna. Las plántulas se cultivan en ecomacetas hechas con botellas plásticas. Así, el equipo aprovecha residuos contaminantes para sostener el crecimiento de las plantas antes de trasplantarlas. “Nosotros le damos un segundo uso a las botellas de gaseosa; es como una ecomaceta, que la hemos bautizado. Es una maceta que no tiene drenaje; la planta se encuentra siempre húmeda, siempre en agua”.

Estas acciones de restauración están activas en 39.267 hectáreas de 52 áreas protegidas y disponemos de 61 viveros en 33 áreas protegidas. La restauración busca mejorar la integridad ecológica de las áreas y el bienestar humano de las comunidades vecinas articulando gobernanza participativa e inclusiva con campesinos, indígenas y afrodescendientes, y tejiendo saberes científicos, locales y tradicionales.
Garantizar la sostenibilidad y el escalamiento de los procesos de restauración ecológica en Parques Nacionales sigue siendo un reto. Nuestros profesionales trabajan para asegurar fuentes estables de financiación de mediano y largo plazo y fortalecer el mantenimiento, el monitoreo y el seguimiento de las áreas intervenidas para garantizar su permanencia.
Otras cosechas para restauración ecológica están en marcha. “Un reto importante es implementar los proyectos Amazonía Biocultural y Guajira Conexión Biocultural, los cuales iniciaron su ejecución durante 2026 y se espera que generen impactos significativos en los territorios y continúen su ejecución posterior al presente periodo de gobierno”, concluye Johanna Puentes.


