Más de 1.400 reservas privadas conservan la vida en Colombia
- Parques Nacionales Naturales trabaja con miles de familias y organizaciones que fortalecen la protección voluntaria de nuestros ecosistemas
Son más de 270 mil hectáreas protegidas por la sociedad civil, distribuidas en 1.412 áreas. Eso supone un logro significativo de conservación en algunas de las áreas más frágiles y valiosas para el patrimonio natural de Colombia. Su fortalecimiento es el resultado de una construcción conjunta con la institucionalidad ambiental en la que Parques Nacionales Naturales desempeña un rol indispensable.
En distintos rincones de Colombia hay familias, organizaciones y propietarios rurales que han tomado una decisión silenciosa, pero poderosa: proteger voluntariamente la vida que habita en sus predios y entornos. Bosques altoandinos, sabanas naturales, páramos y ecosistemas estratégicos hoy se conservan gracias a quienes decidieron convertir sus posesiones en Reservas Naturales de la Sociedad Civil.
Colombia cuenta con 1.412 reservas activas registradas ante Parques Nacionales Naturales de Colombia, una figura de conservación que nació en 1999 y que ha permitido que ciudadanos y comunidades se conviertan en protagonistas de la protección ambiental.
Para Carolina Mateus Gutiérrez, bióloga y profesional que lidera este registro en Parques Nacionales, el valor de estas reservas está en que surgen desde la voluntad de las personas. “Las Reservas Naturales de la Sociedad Civil son iniciativas de conservación lideradas por los mismos propietarios de los predios quienes deciden destinar parte o todo su territorio para conservar ecosistemas naturales y proteger la vida”, explica.
Detrás de cada reserva hay historias familiares, apuestas comunitarias y proyectos de vida que entienden la preservación ecológica como un legado para las próximas generaciones. “Lo que hagamos hoy va a repercutir hacia el futuro. Nuestros hijos y generaciones futuras nos han prestado el presente para que lo cuidemos”, afirma Carolina Mateus.
El director de Parques Nacionales Naturales de Colombia, Luisz Olmedo Martinez Zamora añade: “es un proceso que hemos venido consolidando a lo largo de varias reuniones y reviste una importancia estratégica tanto para Parques Nacionales Naturales de Colombia como para mí, en mi calidad de director. Está directamente relacionado con nuestra misión fundamental: cuidar y proteger el patrimonio natural del país”.

La naturaleza primero.
En regiones como Casanare, Valle del Cauca y la Orinoquía colombiana, organizaciones articuladoras acompañan a las familias que desean registrar sus predios como reservas naturales. Su labor va más allá del trámite administrativo: implica fortalecer procesos comunitarios y garantizar que la conservación permanezca en el tiempo.
Ese es el trabajo que realiza, por ejemplo, la Fundación Cunaguaro Biodiversidad y Cultura. Desde 2015 esa organización ha acompañado 39 procesos de registro de reservas naturales.
Ernesto Roa Vargas, uno de sus líderes, explica uno de los aspectos más importantes para concretar la decisión de conservar: “La clave está en que estos procesos sean acompañados siempre por la familia. No basta con que una sola persona quiera conservar; es importante que hijos, nietos y futuras generaciones entiendan el valor de proteger el territorio”.
Roa reconoce que esos esfuerzos privados enfrentan múltiples retos, pero también dejan grandes satisfacciones. “Recibir el registro genera alegría, pero también responsabilidad. Ahí apenas comienza el verdadero reto: sostener la iniciativa y garantizar que permanezca en el tiempo”.
Las organizaciones articuladoras coinciden en que acompañar una reserva implica construir relaciones de confianza con las comunidades y apoyar la materialización de sus expectativas alrededor de la conservación.
“No solo es lograr el registro. Después vienen esfuerzos muy importantes para acompañar a las familias, fortalecer sus procesos y lograr que esa conservación tenga incidencia en el territorio”, expresó Sandra García una de las representantes de otra organización.
En muchos casos las reservas también se convierten en espacios de restauración ecológica, educación ambiental, turismo de naturaleza y protección del recurso hídrico, generando impactos positivos más allá de los límites del predio.

Conservar para las generaciones futuras
Para Carolina Mateus Gutiérrez uno de los mayores retos sigue siendo fortalecer los incentivos y el acompañamiento a quienes deciden conservar voluntariamente. Sin embargo, destaca que el crecimiento del número de reservas demuestra que cada vez más personas entienden la importancia de proteger los ecosistemas en su región.
“Unirse a esta estrategia de conservación permitirá que en el futuro todavía podamos conocer un bosque, un páramo o una sabana natural. Es una invitación a seguir caminando juntos en pro de conservar la vida”, concluye.


