
La fuerza de actuar juntos
- La cooperación entre Parques Nacionales, Bomberos, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y las comunidades ha fortalecido la capacidad del país para prevenir y responder a incendios forestales y otras emergencias, dejando capacidades que permanecen en los territorios.
Por Luisa Castillo Ramírez
Sólo entre enero de 2024 y marzo de 2026, los incendios forestales afectaron cerca de 60.000 hectáreas en áreas protegidas de Colombia. El país también enfrenta con frecuencia inundaciones y movimientos en masa, situaciones que ponen en riesgo ecosistemas estratégicos y a las comunidades que dependen de ellos.
Frente a este panorama, el país entendió que la respuesta no podía recaer sobre una sola institución. Cuidar las áreas protegidas exige una acción coordinada entre Parques Nacionales Naturales de Colombia, Bomberos, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), autoridades ambientales, entidades territoriales, organismos de socorro, Fuerza Pública y comunidades.
Esa articulación está cambiando la manera de enfrentar las emergencias.
“La capacidad de respuesta de los guardaparques frente a las emergencias ha evolucionado de una manera muy positiva. Antes nos tomaba entre cinco y ocho días atender un incendio forestal; hoy logramos controlar el 80 % de los incendios en dos días. En los demás casos actuamos como primeros respondientes desde el mismo día en que se reporta la emergencia. Eso ha sido posible gracias a toda la formación que hemos recibido.” afirma Elkin (apellido), guardaparque del Vía Parque Isla de Salamanca.
Ese logro es el fruto del trabajo conjunto durante el cuatrienio. Uno de los avances más importantes ha sido la alianza entre Parques Nacionales y la UNGRD para fortalecer la gestión del riesgo en las áreas protegidas con acciones orientadas al conocimiento del riesgo, la reducción de amenazas y el fortalecimiento de capacidades para responder ante emergencias.

En 2025 avanzaron tres procesos de formación de Brigadas Especialistas en Manejo Integral del Fuego (BREMIF), que permitieron certificar a 15 guardaparques brigadistas y tres líderes BREMIF, fortaleciendo la capacidad de respuesta en parques como Tuparro, La Macarena, Farallones de Cali, Katíos, Puracé, Los Nevados, Galeras, Iguaque, El Cocuy y otras áreas protegidas priorizadas por su vulnerabilidad frente a los incendios forestales.
“Hemos fortalecido capacidades en control, prevención y manejo de incendios, en la construcción y aplicación de protocolos para atender emergencias, y también recibimos herramientas, equipos especializados y elementos de protección personal. Todo este fortalecimiento ha sido clave para responder con mayor eficacia cuando ocurre una emergencia.” afirma Elkin, guardaparque del Vía Parque Isla de Salamanca
Sin embargo, el mayor cambio no se evidencia únicamente en la formación o en los equipos sino en la manera en que las instituciones trabajan juntas.
La experiencia ha permitido consolidar una articulación permanente entre Parques Nacionales, Bomberos, la UNGRD y los consejos territoriales de gestión del riesgo. Hoy, la entidad participa de manera permanente en la sala de crisis nacional, hace parte de la Comisión Técnica Nacional Asesora de Incendios Forestales y mantiene una coordinación constante con los cuerpos de bomberos y las autoridades territoriales para responder con mayor oportunidad frente a las emergencias.

“La articulación con Bomberos, la Policía Nacional, el Ejército, la Armada, las oficinas municipales y departamentales de gestión del riesgo ha sido clave. Cuando cada entidad aporta lo que le corresponde y pone a disposición sus capacidades, la atención de las emergencias,e incluso la prevención,es mucho más efectiva.” menciona Gipsy Arenas, Coordinadora de la Oficina de Gestión del Riesgos de PNNC.
Esa coordinación ya ha demostrado su efectividad en el territorio. Durante el incendio registrado en 2024 en el Santuario de Flora y Fauna Vía Parque Isla de Salamanca, una de las emergencias más complejas de los últimos años por las condiciones extremas del fenómeno de El Niño, más de 120 brigadistas de diferentes instituciones trabajaron de manera articulada bajo un Puesto de Mando Unificado.
“Lo recuerdo porque fue un momento en el que pudimos trabajar de manera conjunta y donde se vio la efectividad de esa articulación.” explica Elkin, guardaparque del Vía Parque Isla de Salamanca

El impacto de esta cooperación va más allá de la respuesta operativa. También fortalece la relación entre las instituciones y las comunidades que habitan en los territorios donde están las áreas protegidas.
“Más allá de atender una emergencia, todo este proceso fortalece la gobernanza en el territorio. Cuando las comunidades se sienten protegidas y tenidas en cuenta durante la atención de una emergencia, aportan de mejor manera a la conservación.” afirma Gipsy Arenas, Coordinadora de la Oficina de Gestión del Riesgo.
Ese es el mayor legado de la cooperación nacional: construir capacidades que permanezcan en el tiempo. Los equipos pueden renovarse y las emergencias se pueden superar, pero el conocimiento, los protocolos, las brigadas especializadas, la coordinación entre instituciones y la confianza construida entre quienes protegen los territorios continúan fortaleciendo la gestión de las áreas protegidas. Porque cuando un incendio amenaza un parque nacional, no responde una sola entidad; responde un sistema de instituciones que aprendió a trabajar como un solo cuerpo.
Y, como recuerda uno de los guardaparques entrevistados, la razón es sencilla: “Cuando un incendio forestal afecta un área protegida, lo que está en juego es la integridad del ecosistema. Si no se atiende oportunamente, corremos el riesgo de quedarnos sin nada que conservar.”


