En Puerto Nuevo Ité, la conservación se construye desde la memoria

En Puerto Nuevo Ité, la conservación se construye desde la memoria

14 de octubre de 2026
  • En Puerto Nuevo Ité (Remedios – Antioquia), la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra -ACVC- compartió sus experiencias de gobernanza comunitaria, protección de la Línea Amarilla y conocimiento de la biodiversidad durante un nuevo Intercambio de Experiencias y Saberes Ambientales, en la ruta para la declaratoria del Distrito Nacional de Manejo Integrado –DNMI– Serranía de San Lucas.

Rodrigo Durán Bahamón

La jornada comenzó, en realidad, mucho antes de sentarnos a conversar. Llegar hasta Puerto Nuevo Ité ya representaba un esfuerzo, tanto institucional como comunitario. Desde diferentes lugares del territorio, líderes, lideresas y habitantes de las comunidades atendieron la invitación pese a las dificultades de movilidad y a las complejas condiciones de orden público que persisten en esta zona rural de Remedios. Su presencia fue, por sí misma, una expresión de la importancia que tiene para las comunidades participar en las decisiones sobre el futuro de la Serranía de San Lucas.

Allí nos recibió la Asociación Campesina del Valle del Río Cimitarra –ACVC-RAN–, organización que ha acompañado durante años procesos de defensa de los derechos del campesinado y que impulsó la constitución de la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra. Su experiencia muestra que hablar de conservación en este territorio también significa hablar de organización, permanencia campesina y construcción colectiva de reglas para relacionarse con el bosque, el agua y la biodiversidad.

El primer momento del encuentro, realizado el pasado sábado 10 de octubre, nos permitió conocer la experiencia de gobernanza ambiental comunitaria construida en la Zona de Reserva Campesina. Viveros agroforestales con especies nativas, restauración ecológica, acuerdos comunitarios de conservación, procesos de formación, campamentos ecológicos y la Coordinadora Ambiental del Valle del Río Cimitarra –COAM– hacen parte de una estructura organizativa que busca conectar las decisiones de las comunidades con la defensa del agua, la biodiversidad y la cultura campesina. La COAM, por ejemplo, articula comités ambientales de Juntas de Acción Comunal de municipios de Antioquia y Bolívar alrededor de estos propósitos.

Pero proteger aquello que se conoce también exige saber qué vive allí. Las caracterizaciones biológicas realizadas en el año 2015 en la zona de la Línea Amarilla han registrado una extraordinaria diversidad: 240 especies de mariposas, 250 especies de aves, 130 especies de plantas, cinco especies de primates y diferentes mamíferos medianos y grandes, entre ellos dantas, oso de anteojos y felinos como jaguar, tigrillo y jaguarundi. Entre las aves se destacan el paujil de pico azul y el águila harpía. Estos resultados, construidos con el apoyo de Parques Nacionales, Panthera, Proyecto Primates y WCS Colombia, dialogaron durante el encuentro con la memoria de quienes han recorrido estos bosques durante buena parte de sus vidas.

Por eso, el intercambio no se limitó a presentar cifras. Las preguntas fueron hacia la memoria: ¿qué especies recuerdan los mayores?, ¿cuáles han disminuido?, ¿qué nombres reciben localmente?, ¿qué lugares son importantes para su refugio?, ¿cómo transmitir este conocimiento a jóvenes y niños en las escuelas? La conversación permitió poner frente a frente el conocimiento técnico y los saberes construidos por las comunidades a partir de su relación cotidiana con el territorio.

Esa memoria del territorio estuvo presente en la voz de Luz Mila Gil González, habitante de la vereda Puerto Nuevo Ité, quien compartió una reflexión sobre lo que significa cuidar el territorio y sus recursos:

“El campo es lo más bonito que hay, como hija de campesinos, es triste que las nuevas generaciones solo piensen en destruir y en conseguir plata. Hay cosas más importantes que la plata. El dinero es una necesidad, pero hay cosas más importantes, como respirar un aire sin contaminación y tener agua limpia. Antes los peces saltaban del agua a las canoas sin necesidad de pescarlos; hoy las aguas ya no están cristalinas. A pesar del progreso, de la llegada de la energía eléctrica y de las carreteras que han acortado las distancias, hay muchas afectaciones por el progreso”.

El segundo momento del encuentro nos llevó a conocer la historia de la Línea Amarilla, una de las apuestas comunitarias de conservación más representativas del país. Más que una línea sobre un mapa, representa un acuerdo territorial para proteger áreas de bosque y restringir totalmente las actividades que puedan transformarlas. Alrededor de ella se han construido normas comunitarias sobre el aprovechamiento de madera, la protección de fuentes hídricas, la pesca y el cuidado de la fauna silvestre.

Algunas de esas reglas son concretas: proteger árboles como el caracolí, el higuerón, el cedro, suribios, campano, el abarco y la ceiba bonga; evitar la tala cerca de caños, quebradas y ciénagas; respetar vedas y tallas mínimas para la pesca; y proteger especies de fauna como dantas, venados, pavas y paujiles, entre otras. Se establecieron compromisos para informar a las Juntas de Acción Comunal sobre el aprovechamiento de árboles y promover la restauración. Son acuerdos nacidos del conocimiento cotidiano del territorio y de la necesidad de que los recursos permanezcan para las siguientes generaciones.

Lo que las comunidades han construido durante años en la Zona de Reserva Campesina también encuentra puntos de encuentro con la Agenda ABC –Agua, Biodiversidad y Comunidades–. En Puerto Nuevo Ité esas tres palabras dejan de ser conceptos abstractos: el agua aparece en las reglas para cuidar caños, quebradas y ciénagas; la biodiversidad, en la protección del bosque, la fauna y la Línea Amarilla; y las comunidades, en los acuerdos que ellas mismas han construido para ordenar el uso de sus recursos. Es una experiencia que demuestra que conservar requiere conocimiento, organización y oportunidades para quienes permanecen en el territorio, principios que la Agenda ABC reconoce al proponer que las comunidades sean protagonistas de la conservación y del fortalecimiento de economías legales y sostenibles.

El último momento estuvo a cargo de Parques Nacionales Naturales de Colombia. Presentando de manera breve la propuesta de conservación de la Serranía de San Lucas a través de la categoría de Distrito Nacional de Manejo Integrado –DNMI– desarrollamos el espacio previsto en la agenda para contextualizar el proceso, escuchar inquietudes y atender las preguntas de las comunidades. 

El diálogo permitió insistir en una idea fundamental: la construcción de la propuesta no parte de un territorio vacío de experiencias de conservación. La Línea Amarilla, los acuerdos comunitarios, los viveros, la restauración, la caracterización de la biodiversidad y las formas de gobernanza construidas por la ACVC son antecedentes que aportan conocimiento y aprendizajes para pensar el futuro del DNMI Serranía de San Lucas.

Para Pedro Jesús Mora Uribe, habitante de la vereda Tamar Bajo, el encuentro también representó una oportunidad para reconocer la trayectoria de las comunidades y fortalecer la confianza en el proceso que se construye alrededor de la Serranía de San Lucas:

“Este es un espacio muy importante para una comunidad que ha defendido este territorio durante muchos años y que ha compartido su conocimiento y su experiencia en muchas partes del mundo a través de la ACVC. Me da mucha alegría ver a la institucionalidad en el territorio, apoyando la protección del ambiente y saber que no estamos solos. Para mí, el DNMI es importante para la región, para el país y para el mundo, porque puede ayudar a proteger un territorio único como la Serranía de San Lucas”.

Puerto Nuevo Ité dejó así una enseñanza que estuvo presente durante toda la jornada: conservar también es reconocer la memoria de quienes habitan el territorio, sus acuerdos, sus aprendizajes y su capacidad para establecer reglas colectivas de cuidado. La ruta hacia el DNMI tiene el desafío de poner esos saberes comunitarios en diálogo con el conocimiento técnico y con las herramientas de conservación del Estado, para construir una propuesta capaz de proteger la biodiversidad sin desconocer la historia, la organización y la permanencia de las comunidades que han habitado por años la Serranía de San Lucas.

Este encuentro también fue posible gracias al trabajo articulado con nuestros aliados: WWF Colombia acompañó técnicamente la jornada en territorio. Re:wild, como organización cooperante, aportó los recursos que hicieron posible el desarrollo de esta salida. Su apoyo fortalece una construcción colectiva para seguir avanzando, desde el territorio y con sus comunidades, por caminos posibles para la conservación de la Serranía de San Lucas.