Un parque vital para proteger la altillanura del Meta

Un parque vital para proteger la altillanura del Meta

24 de mayo de 2026

En la Serranía de Manacacías, donde las sabanas ondulan entre humedales, bosques de galería y pequeñas serranías, Colombia sumó un nuevo territorio a su sistema de áreas protegidas. Se trata del Parque Nacional Natural Serranía de Manacacías, el número 61 del país, con una extensión de 68.000 hectáreas. Aprecia este ecosistema inigualable.

Por: María Alejandra Moreno Tinjacá 

La declaratoria, explica el jefe del parque, William Zorro, respondió a una urgencia de conservación: proteger un ecosistema que no estaba representado en el Sistema de Parques Nacionales Naturales. “Era básicamente la necesidad de incluir un ecosistema de serranías disectadas dentro del sistema de áreas protegidas”.

Sus terrenos se extienden por zonas de San Martín, Puerto López, Puerto Gaitán y Mapiripán, en el departamento del Meta. Es un punto de conexión entre la Orinoquía y la Amazonia en un paisaje donde conviven sabanas estacionales, humedales y bosques de galería en buen estado de conservación. Su estado ecológico ha mejorado en los últimos años, especialmente tras la reducción de actividades humanas en algunos sectores. “Se han logrado sacar las presiones y el estado de conservación es mejor, y hemos podido comprobar con monitoreos de cámaras trampa un aumento significativo de felinos y otras especies”, señaló Zorro.

En el área de Santa Teresita también han notado un incremento significativo de la fauna. “Es más frecuente el avistamiento de venados, osos palmeros y zorros, además de huellas de oso hormiguero y armadillos. Estos indicadores reflejan un avance importante en la recuperación de la zona”, dice con emoción el guardaparque Eneil Matute. 

Ese aumento de fauna silvestre, explica, está directamente relacionado con la disminución de actividades que impactaban el ecosistema como la deforestación, lo que ha permitido que especies como los grandes felinos regresen a la zona.

Ese retorno también refleja toda una cadena que se está recuperando y presta servicios ecosistémicos a las personas. La Serranía de Manacacías desempeña un papel clave en la regulación hídrica de la región. Se ubica en el interfluvio entre el caño Cumaral y el río Manacacías y aporta cerca del 30 % del caudal de este río, una fuente vital para la región que a su vez alimenta el río Meta. “Es un ecosistema fundamental porque conecta dinámicas entre la Amazonia, los Andes y la Orinoquia”, dice el jefe Zorro, al destacar su papel en la regulación climática y la sostenibilidad hídrica.

La creación del área protegida no fue un proceso sencillo. Al inicio las comunidades locales miraban con frialdad la propuesta de Parques Nacionales, pero con tiempo, respeto y diálogo, fueron tejiendo un acuerdo social para avanzar en la protección de la zona.

Vivero PNN Serranía de Manacacías - Danilo Arenas

El acuerdo supuso que las comunidades cedieran los predios al Estado para su conservación y que el Estado asumiera el compromiso de comprar esas propiedades.  Ese proceso fue clave para consolidar un modelo de conservación construido junto a las comunidades, en el que la confianza fue ganando terreno. Las comunidades no quedan por fuera, sino que se integran como parte del proceso de conservación.

“Allá hay muchos bosques de galería, de montaña, lagunas y lagos. Respetamos a los animales; nunca molestamos a los ocarros ni a los cajuches. Nuestra alegría era montar a caballo y ver cajuches, dantas y venados; era una alegría irnos para la laguna. Nos dolió el proceso de venta. Estuvimos 70 años allí, pero accedimos para cuidar la naturaleza. Yo le pido al Gobierno, a Parques y al Ministerio de Ambiente que cuiden de verdad este parque. En mi experiencia con la parte ambiental, he hecho monitoreo, pero pido que no lo dejen llenar de coca y deforestación y que no dejen perder ese lugar tan lindo”, comentó Jaime Rey Mora, expropietario del hato Palmeras en Manacacías.  

Con la declaratoria, actividades como la ganadería quedaron restringidas dentro del área protegida. Eso implica una transformación profunda en el uso del suelo de estas 68.000 hectáreas. Aun así, el reto apenas comienza. En la región persisten intereses diversos ligados a la agroindustria, la palma africana y la exploración de hidrocarburos, lo que obliga a buscar acuerdos entre comunidades, sectores productivos e instituciones.

En ese contexto, el Parque Nacional Natural Manacacías se proyecta como un territorio estratégico, no solo por su riqueza natural sino también por lo que representa: un intento de equilibrio entre la conservación de uno de los paisajes más singulares de Colombia y las dinámicas económicas que lo rodean.

Además, con la compra de los predios a las familias locales se concreta uno de los avances más notables en la adquisición de predios para los parques nacionales. En los primeros 62 años de vida institucional, hasta 2022, fueron adquiridos 135 predios privados ubicados dentro de áreas protegidas declaradas. Pero desde 2022 hasta 2025 hemos adquirido 131 predios adicionales, lo que demuestra la importancia que el Gobierno ha dado a este proceso.

“Esos predios adquiridos varían en tamaño: hay algunos de apenas dos hectáreas, pertenecientes a pequeños campesinos y hay otros de mayor extensión. Por ejemplo, adquirimos un predio en Murillo, dentro del Parque Nacional Natural Los Nevados, de unas 3.000 hectáreas, y otros más grandes en zonas como Manacacías. Así hemos logrado sanear alrededor de 38.000 hectáreas dentro de las áreas protegidas”, puntualiza Luisz Olmedo Martínez Zamora, director de Parques Nacionales Naturales de Colombia.

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