Las tortugas tienen ahora una casa cuatro veces más grande

Las tortugas tienen ahora una casa cuatro veces más grande

24 de mayo de 2026

El área protegida ampliada en Acandí, Chocó, suma casi 63.000 hectáreas, y con ellas, el Santuario alcanza ahora una extensión que supera las 89.000 hectáreas con ecosistemas únicos en la frontera con Panamá. Lee sobre este sueño hecho realidad.

Por: María Alejandra Moreno Tinjacá 

Entre el azul profundo del Caribe y la espesura selvática del Darién, donde el mar golpea playas remotas y las tortugas regresan cada año a desovar, el norte del Chocó escribe una nueva página en la historia de la conservación ambiental en Colombia. Desde Cabo Tiburón hasta el corregimiento de San Francisco, al sur del golfo del Darién, se extiende ahora el Santuario de Fauna y Flora Acandí, Playón, Playona, San Francisco y Cabo Tiburón, consolidando uno de los corredores marino-costeros más importantes del Caribe colombiano. 

El anuncio es el resultado exitoso de un largo proceso construido entre las comunidades negras de Acandí, Parques Nacionales Naturales de Colombia y WWF Colombia. La historia del santuario comenzó en 2013 cuando las comunidades impulsaron la creación de un área protegida destinada a preservar las playas donde anidan las tortugas caná y carey, dos especies amenazadas a nivel mundial. Desde entonces existía una idea más ambiciosa: proteger no solo la arena donde nacen las tortugas, sino todo el entramado de ecosistemas que sostiene la vida en el golfo del Darién.

SF Acandí - Sergio Cicuamía

Así lo recuerda Efraín Ballesteros Garcés, representante del Consejo Comunitario de Comunidades Negras de la Cuenca del río Acandí Seco, El Cedro y El Juancho o Cocomaseco: “Solicitamos el acompañamiento de Parques Nacionales para apoyar el proceso de protección del territorio logrando nuestra área protegida y ahí mismo iniciamos el diálogo para avanzar en la ampliación y protección de todo el territorio. Estos años el trabajo con Parques Nacionales ha sido de acuerdos de colaboración basados en el aprendizaje mutuo: ellos aprenden de la comunidad y la comunidad de ellos, con el objetivo de lograr un entendimiento común y una mejor gestión del territorio”. 

El sueño de la ampliación tenía el objetivo de proteger los manglares, arrecifes coralinos, pastos marinos, islotes y litorales que ahora forman parte de un territorio ampliado. Así se busca garantizar la conectividad ecológica de una de las regiones más biodiversas del país. Allí convergen especies marinas, aves migratorias y ecosistemas estratégicos que además sostienen la pesca artesanal, la seguridad alimentaria y las prácticas culturales afro del Darién.

La ampliación también transforma la identidad del área protegida. Lo que antes era el Santuario de Fauna Acandí, Playón y Playona pasa ahora a llamarse Santuario de Fauna y Flora Acandí, Playón, Playona, San Francisco y Cabo Tiburón, reflejando la diversidad biológica y territorial que incorpora esta nueva etapa.

En Acandí el proceso de conservación no se entiende separado de la vida cotidiana. Los consejos comunitarios Cocomanorte, Cocomaseco y Cocomasur participaron activamente en las consultas previas, en la construcción de acuerdos y en la formulación del nuevo plan de manejo que orientará las acciones de conservación durante los próximos cinco años. “Se ha adelantado un proceso de consulta previa entre las comunidades, los gremios y los tres consejos comunitarios de manera conjunta. En 2022 se oficializó el proceso y ya tenemos la resolución correspondiente”, señaló Sandra Milena Medrano, una reconocida líder social.

Sandra y sus colegas destacan la valoración del conocimiento ancestral y tradicional dentro del trabajo conjunto con Parques Nacionales, así como su acompañamiento en el desarrollo de las consultas y asambleas. Para ella este proceso representa una oportunidad para proteger los ecosistemas locales que integran diversidad de especies marinas, arrecifes, pastos marinos y la tortuga carey.

Ese plan no solo contempla la protección de ecosistemas. También busca fortalecer la gobernabilidad territorial, promover prácticas sostenibles de pesca y turismo, articular saberes ancestrales y científicos, y enfrentar las amenazas que afectan al golfo del Darién.

La ampliación del santuario se convierte además en una apuesta estratégica para la conectividad ecológica del Caribe y la frontera colombo-panameña. Su conservación permitirá proteger especies en riesgo de extinción, potenciar la captura de carbono y contribuir a la estabilización natural de las costas frente a los efectos de la crisis climática.

El proceso contó con el respaldo técnico y financiero de organizaciones nacionales e internacionales y tuvo el acompañamiento de entidades científicas y ambientales. Sin embargo, sus protagonistas insisten en que el verdadero motor de esta transformación ha sido el arraigo de las comunidades que tuvieron un sueño y lo hicieron realidad. Por fortuna no fue a paso de tortuga.

El proceso fue liderado por Parques Nacionales Naturales de Colombia y los consejos comunitarios Cocomanorte, Cocomaseco y Cocomasur, junto a WWF Colombia.
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