Ampliar áreas protegidas para cuidar la naturaleza y la riqueza cultural

Ampliar áreas protegidas para cuidar la naturaleza y la riqueza cultural

24 de mayo de 2026

Expandir el Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta y el Santuario de Fauna y Flora Acandí, Playón, Playona, San Francisco y Cabo Tiburón es un logro para proteger ecosistemas marinos, corredores biológicos y zonas de valor cultural. Así es posible fortalecer su conectividad ecológica, aumentar la resiliencia frente al cambio climático y enfrentar fenómenos como la deforestación o la expansión de actividades productivas. Conoce aquí su impacto.

Por: María Alejandra Moreno Tinjacá 

“Lo que nos motivó a ampliar el Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta son las especies que existen aquí: únicas en el mundo, nuestros sitios sagrados, la riqueza en agua con ríos, lagunas, páramos y nuestros nevados, que son los que nos abastecen a los pueblos Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kakuamo y a las personas del Caribe colombiano. Nuestra convicción es proteger nuestra cultura y la biodiversidad que nos rodea”, dice emocionada Yanelia Mestre, integrante del pueblo Arhuaco.

Esta ampliación incrementó la extensión del área protegida en más de 172 .000 hectáreas. Ahora supera las 573.000, lo que supone una extensión más grande que la de departamentos como Atlántico o Risaralda.  Eso la consolida como la zona de conservación continental más grande del Caribe colombiano, que asegura vida, agua y clima para futuras generaciones. 

La propuesta nació en 2016, en el corazón de las comunidades, por iniciativa de los pueblos Arhuaco y Kogui. Sus líderes plantearon la necesidad de fortalecer la protección del territorio ancestral y de ecosistemas estratégicos que no estaban incluidos dentro de los límites del Parque. Así comenzó el proceso de ampliación donde el diálogo fue fundamental. “Parques Nacionales Naturales de Colombia inició un proceso técnico, social e institucional orientado a evaluar la viabilidad de ampliar el área protegida, con el fin de fortalecer la conservación ambiental y reconocer la importancia del manejo ancestral del territorio”, explica Sindy Nova Pérez, jefa del área protegida. 

La ruta de ampliación incluyó diferentes espacios de diálogo, socialización y análisis técnico.  En 2017 fue definida la metodología de concertación del proceso e iniciaron las socializaciones en comunidades indígenas, acompañadas de recorridos y ejercicios de reconocimiento. En paralelo, mamos y autoridades indígenas realizaron rituales en sitios sagrados vinculados al proceso como parte de los fundamentos espirituales necesarios para orientar las decisiones.

Durante los años siguientes fue necesario recopilar información predial, analizar el estado de ocupación del territorio, identificar ecosistemas prioritarios para la conservación y trabajar con autoridades ambientales regionales. Además, abrimos espacios de concertación con las comunidades campesinas ubicadas en zonas de interés para la ampliación y hubo recorridos de verificación territorial en municipios como Dibulla, Aracataca, Fundación, Pueblo Bello y Valledupar.

No se trataba solo de firmar un documento de ampliación. Era necesario hacer análisis técnicos detallados de la zona, revisar sus límites, adelantar estudios de drenajes y una caracterización ambiental depurando información sobre ocupaciones dentro del área propuesta. Cada paso requirió espacios de diálogo con autoridades indígenas y comunidades locales para socializar los avances del proceso y recoger sus aportes. 

Sierra-Nevada-de-Santa-Marta

Un momento fundamental del proceso fue la consulta previa con los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. De ella surgieron acuerdos entre Parques Nacionales Naturales de Colombia y los pueblos Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankuamo, que recogían su visión del área protegida extendida. 

Así fue como pusimos en marcha 19 acuerdos para garantizar el respeto por la gobernanza indígena, fortalecer el manejo conjunto del territorio, desarrollar medidas de cuidado y conservación para ecosistemas sagrados y primordiales para la vida y avanzar en acciones relacionadas con el saneamiento de predios y el fortalecimiento del monitoreo ambiental con base en los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas.  

“La ampliación se oficializó en marzo del 2023. Para nosotros es muy importante porque la Sierra tiene de todas las amenazas con el tema de hidrocarburos, el extractivismo, el turismo no regulado y por eso buscábamos esta protección de la mano de Parques”, comenta Yanelia Mestre del pueblo Arhuaco. 

Este trabajo se desarrolla en el marco de la instancia de coordinación conjunta entre Parques Nacionales y los cuatro pueblos indígenas. Esta instancia se encarga de definir planes de trabajo, priorizar acciones y hacer seguimiento al cumplimiento de los compromisos establecidos en el plan de manejo conjunto y en las consultas previas vigentes. 

“Este proceso consolida un modelo de gobernanza ambiental basado en la complementariedad entre el conocimiento ancestral y los enfoques técnicos de conservación, orientado a fortalecer el manejo del área protegida y a garantizar la protección a largo plazo de los ecosistemas, del territorio ancestral y de sus sitios y espacios sagrados, así como de las contribuciones de la naturaleza que ofrece la Sierra Nevada de Santa Marta para el país y para la región Caribe”, concluye la jefa Sindy Nova Pérez.

Marta Díaz, subdirectora de Gestión y Manejo de Parques Nacionales, explica la pertinencia de este tipo de declaratorias: “Las ampliaciones permiten garantizar que se cumpla de manera efectiva el propósito individual de cada área protegida, ya que muchas fueron declaradas inicialmente con información limitada y hace ya varias décadas. Hoy, con mejores estudios, se identifican ecosistemas, corredores biológicos y zonas clave que no habían sido incluidos. Las áreas protegidas son fundamentales para fortalecer la conectividad ecológica, aumentar la resiliencia frente al cambio climático y responder a nuevas presiones como la deforestación o la expansión de actividades productivas”.

PNN Tatamá

Próximas ampliaciones

Actualmente avanza también el proceso de ampliación del Parque Nacional Natural Tatamá, uno de los proyectos de conservación ambiental más importantes del occidente colombiano. En lo alto de la cordillera Occidental, donde las montañas se cubren de niebla y los ríos nacen entre bosques húmedos y páramos silenciosos, esta área protegida podría pronto extender su protección sobre miles de hectáreas estratégicas para la biodiversidad y la conectividad ecológica de la región. 

La historia comenzó hace más de una década. En 2015, el parque inició un trabajo paciente y constante con las comunidades étnicas y campesinas que habitan los territorios vecinos. Lejos de imponerse como una iniciativa institucional, el proceso fue tomando forma a través de conversaciones, recorridos y encuentros comunitarios donde indígenas, consejos comunitarios y autoridades ambientales comenzaron a construir una visión compartida.

En esas montañas, los ecosistemas son paisajes, memoria, alimento, cultura y refugio espiritual. Los pueblos indígenas y las comunidades negras identificaron usos tradicionales, caminos ancestrales y relaciones profundas con el páramo, el bosque altoandino y el bosque subandino. Ese diálogo permitió fortalecer las relaciones de vecindad y avanzar en ejercicios conjuntos de ordenamiento territorial, zonificación y planificación ambiental.

Hoy la propuesta de ampliación contempla 25.687 hectáreas adicionales distribuidas entre Chocó, Valle del Cauca y Risaralda, una región estratégica para la conectividad ecológica del país. Allí convergen las cuencas de los ríos Tamaná, San Juan Alto, Risaralda y Pescador, corredores naturales fundamentales para cientos de especies.

El Parque Tatamá es considerado uno de los lugares con mayor biodiversidad de Colombia. Entre sus montañas aún caminan el oso de anteojos, la danta del Pacífico, el puma y el jaguar. En los ríos persiste la nutria y, entre los bosques nublados, sobrevuelan aves únicas como la bangsia tatamá, el gallito de roca y el águila crestada. Muchas de estas especies son endémicas o se encuentran amenazadas.

La riqueza natural también se expresa en sus plantas. Árboles como el comino, el cedro negro y el pino romerón conviven con orquídeas y especies poco conocidas que hacen de este territorio un laboratorio natural para la investigación científica.

Pero la ampliación no responde únicamente a la necesidad de proteger la fauna y flora. El área cumple un papel clave como corredor biológico que conecta con la Serranía de Los Paraguas y la Cuchilla de San Juan. Este corredor permite el flujo de especies y fortalece la resiliencia de los ecosistemas andinos frente a amenazas como la deforestación y el cambio climático.

En los últimos años el proceso ha mostrado avances importantes. Equipos técnicos del parque y organizaciones aliadas realizaron inventarios biológicos y caracterizaciones socioeconómicas en comunidades negras, resguardos indígenas y zonas campesinas aledañas. También hicieron diagnósticos prediales y análisis jurídicos de los terrenos incluidos en la propuesta.

Uno de los hitos recientes ocurrió en 2025, cuando se concretó la consulta previa con el resguardo indígena de Tarena. Allí se protocolizaron once acuerdos relacionados con el proceso de ampliación. Paralelamente, avanzaron los acercamientos con los consejos comunitarios Cocoman y Cocomacoiro y con autoridades indígenas de Sabaleta, San Onofre y El Tigre.

Ahora el principal reto es financiero. La consolidación de la ruta de saneamiento predial y los acuerdos de conservación con propietarios requieren recursos que todavía no están asegurados. También falta culminar los procesos de consulta previa con comunidades negras y pueblos indígenas, consolidar el documento técnico definitivo y obtener el concepto favorable de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales antes de la firma ministerial que oficializaría la ampliación.

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