Día Mundial del Guardaparque – Conoce a quienes protegen la vida en Colombia entre selvas, mares, montañas y bosques

Día Mundial del Guardaparque – Conoce a quienes protegen la vida en Colombia entre selvas, mares, montañas y bosques

31 de julio de 2026
  • En Colombia, ser guardaparque significa recorrer algunos de los territorios más biodiversos del planeta, trabajar de la mano con cientos de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, y enfrentar desafíos que van desde las condiciones extremas del territorio hasta escenarios de conflicto armado y economías ilegales. Hay más de dos mil hombres y mujeres que encaran este reto vital.

Bogotá, Mientras el país despierta, nuestros guardaparques ya recorren senderos de montaña, navegan ríos caudalosos, cruzan selvas, vigilan páramos, acompañan procesos comunitarios o reciben visitantes en las áreas protegidas. Su labor comienza mucho antes del amanecer y, muchas veces, termina en la noche. No sólo cuidan un paisaje, protegen la vida.

En el Día Internacional del Guardaparque, Parques Nacionales Naturales de Colombia reconoce la entrega de mujeres y hombres quienes, junto a las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, hacen posible la conservación de algunos de los ecosistemas más importantes del país.

Su trabajo exige valentía, conocimiento del terreno y una profunda vocación de servicio. En cada recorrido enfrentan lluvias intensas, largas jornadas de navegación, caminatas por terrenos de difícil acceso y, en muchos casos, contextos marcados por conflictos armados, la minería ilegal, la deforestación, la caza y el tráfico de fauna silvestre. Aun así, permanecen en los territorios convencidos de que proteger la naturaleza también significa cuidar el bienestar y el futuro de quienes la habitan o se benefician de ella.

Los guardaparques no trabajan solos. La conservación en Colombia es posible gracias a la construcción de confianza con poblaciones locales que durante generaciones han protegido bosques, ríos, mares y montañas, y hoy continúan siendo aliados fundamentales para conservar la biodiversidad y fortalecer el manejo de las áreas protegidas.

En lugares como la Serranía de San Lucas, el Catatumbo, el Urabá chocoano, el Pacífico colombiano o la Amazonía, la conservación representa también una apuesta por la permanencia en el territorio, la defensa de las tradiciones y la construcción de alternativas para sus pobladores. Allí, guardaparques y habitantes locales comparten un mismo propósito: que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de una naturaleza viva.

“Nosotros no estamos de parte de nadie. Trabajamos por las comunidades y para cuidar el medioambiente”, resume Joselito Vargas Acevedo, jefe del Parque Nacional Natural Catatumbo Barí, quien durante más de tres décadas ha acompañado procesos de conservación en diferentes regiones del país.

La historia de Carlos Cortés, guardaparque del Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos, refleja también esa vocación. Después de que el conflicto armado obligó al equipo a abandonar temporalmente el área protegida, regresó para liderar su recuperación. Encontraron cabañas destruidas, tala de bosque, cultivos ilícitos y presencia de cazadores. Con trabajo constante lograron restaurar el parque y devolverle las condiciones necesarias para su conservación. Esa realidad no difiere de las otras 64 áreas protegidas donde los guardaparques han implementado estrategias de conservación.

Por ejemplo, la entidad ha fortalecido una estrategia integral basada en la restauración ecológica y la recuperación de áreas degradadas. Gracias a la articulación con muchas comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, durante este Gobierno han sido restauradas 72.229 hectáreas fortaleciendo viveros comunitarios y recuperando especies nativas, varias de ellas en categoría de amenaza.  Este resultado equivale a lo alcanzado por la entidad durante las tres décadas anteriores.

Así, día a día cientos de guardaparques han dedicado su vida a proteger ecosistemas únicos, restaurar áreas degradadas, acompañar procesos de educación ambiental, monitorear especies, prevenir amenazas y fortalecer el ecoturismo como una oportunidad para el desarrollo sostenible de las comunidades.

Su mayor recompensa no es un reconocimiento, es el privilegio de ver un cóndor sobrevolando la montaña, una ballena yubarta con su cría en el Pacífico, un jaguar cruzando la selva, un oso de anteojos recorriendo el páramo o una comunidad que encuentra en la conservación una oportunidad para construir bienestar para la Nación.

“Debemos mirar con fe el futuro. Yo doy gracias a Dios porque tengo el privilegio de trabajar con las comunidades, de aportar a mi territorio y de enseñarles a los niños que vale la pena cuidar el medioambiente”, afirma Ronal Fernando Peñaranda, guardaparque del Área Única Natural Los Estoraques.

En este Día Internacional del Guardaparque, Parques Nacionales Naturales de Colombia exalta a quienes hacen de la conservación una forma de vida. Su trabajo silencioso, muchas veces lejos de sus familias y en condiciones adversas que incluso corren riesgo por sus vidas. Durante 2025 fueron amenazados 195 guardaparques mientras ejercían labores de protección, vigilancia y control ambiental. La implementación de protocolos de seguridad y la mejora de las condiciones en el terreno durante este gobierno evitaron que fueran asesinados, desaparecidos o forzados al exilio como ocurrió durante periodos anteriores.

Detrás de cada bosque protegido, de cada río que sigue fluyendo limpio, de cada especie que encuentra refugio y de cada comunidad que fortalece su relación con la naturaleza, hay guardaparques quienes, con entrega, conocimiento y esperanza, demuestran todos los días que conservar la vida es un compromiso compartido.

¡Feliz día a nuestros Guardaparques!