
En Villa Hermosa, el bosque también se cultiva, se cuida y se convierte en futuro
- En El Bagre, Antioquia, comunidades de la Serranía de San Lucas compartieron sus experiencias de conservación, restauración, monitoreo y aprovechamiento de productos forestales no maderables, como parte del Taller de Intercambio de Experiencias y Saberes Ambientales liderado por Parques Nacionales Naturales de Colombia que aporta información en la ruta para la declaratoria de un Distrito Nacional de Manejo Integrado –DNMI– en esta región del país.
Rodrigo Durán Bahamón – PNNC
En Villa Hermosa, una vereda rural de El Bagre, conservar el bosque no significa necesariamente dejar de aprovecharlo, sino encontrar maneras de hacerlo sosteniblemente. Allí, la comunidad ha encontrado en el árbol de choibá una de esas posibilidades: sus semillas pueden recolectarse y transformarse localmente en harina y en insumo para una bebida especial, generando valor económico, sin necesidad de talar el árbol. Así, cada choibá que permanece en pie puede seguir produciendo semillas, favorecer la regeneración del bosque y aportar alimento no sólo para el hombre, también para diferentes especies de mamíferos y de aves, sin afectar su ciclo de vida. Es una manera distinta de relacionarse con el territorio: entender que un bosque conservado también puede sostener la vida y ofrecer oportunidades económicas para quienes lo habitan.
Esta experiencia fue uno de los puntos centrales del encuentro realizado los días 12 y 13 de septiembre, durante una nueva jornada de inmersión territorial de la ruta que adelanta Parques Nacionales Naturales de Colombia para la declaratoria del DNMI Serranía de San Lucas, una categoría de área protegida que busca armonizar la conservación, la restauración, los usos sostenibles del territorio y la permanencia de las comunidades allí asentadas.

El recorrido permitió acercarse al trabajo del Colectivo Gente y Bosques, que junto con diferentes aliados viene explorando alternativas económicas asociadas al bosque. Una de ellas es el aprovechamiento de las semillas de choibá o almendro (Dipteryx oleifera), transformadas localmente en harina y en un producto para preparar una bebida bautizada como “Choibalate”. La apuesta cambia la lógica tradicional: el valor ya no está en cortar el árbol, sino en conservarlo para que continúe produciendo semillas, y por ende oportunidades para las familias de la vereda.
Enuar Tovar, vicepresidente de Gente y Bosques nos cuenta que “el choibá es reconocido principalmente como una especie maderable de alto valor, pero para los habitantes del territorio es hoy la fuente de un producto que genera beneficios económicos más altos que la comercialización de la madera. El almendro -fruto del choibá- se recoge y se transforma en productos muy apetecidos hoy en el mercado, brindando beneficios directos a 30 familias (en la recolección) y muchas más en la comercialización del producto”.

Pero Villa Hermosa cuenta también otras historias. Mujeres de la comunidad avanzan en una iniciativa de producción de vainilla; existen huertos mixtos, cercos vivos y procesos de recuperación de rondas hídricas. La comunidad incluso ha construido mapas de sus predios para identificar dónde producir, dónde restaurar y dónde conservar. Son conocimientos y decisiones locales que pueden aportar información concreta a la discusión sobre la futura zonificación y manejo del área protegida si se llega a la decisión de declararla.
Yurleidy Cogollo Navajas, una de las mujeres que participa en la producción de la vainilla, se siente “muy orgullosa y feliz por el trabajo que han adelantado en la vereda que le ha permitido reconocer lo fuertes y capaces que son las mujeres y el aporte que pueden realizar en la protección del ambiente y el buen manejo productivo en el territorio”.

En Villa Hermosa, monitorear el territorio es una forma colectiva de cuidarlo. La comunidad observa la floración, el crecimiento y la regeneración de especies como el choibá, hace seguimiento a procesos de restauración de especies nativas en las rondas hídricas y reconoce las señales que muestran los cambios del bosque y del agua.
A esto se suman actividades de monitoreo de fauna y flora, particularmente asociadas a la iniciativa del Corredor del Jaguar que ha permitido crear metodologías para el monitoreo comunitario, identificar afectaciones y generar alertas tempranas. Todo se articula alrededor de un mismo propósito: mantener los bosques en pie, conservar las fuentes de agua y los corredores biológicos, permitir la regeneración y asegurar que el aprovechamiento de recursos como las semillas de choibá dejen alimento suficiente para la fauna y beneficios sostenibles para las familias. De esta manera, producir, monitorear, restaurar y conservar dejan de ser acciones separadas y se convierten en una misma estrategia comunitaria para cuidar los recursos naturales, aportar a la conservación de los mismos y asegurar la permanencia de las comunidades en el territorio.

La región, sin embargo, también muestra sus contrastes. Cerca del núcleo veredal se evidenciaron transformaciones asociadas a la minería y otras presiones sobre los bosques y las fuentes de agua que mediante el monitoreo comunitario ha evidenciado las afectaciones que pueden ocasionar en la pérdida de biodiversidad y de contaminación hídrica. Para las comunidades, a estos desafíos se suman asuntos como la permanencia en el territorio, la seguridad en la tenencia de la tierra, el fortalecimiento de sus iniciativas productivas y una presencia institucional más sostenida.
Para Manuel Tovar Seña -del colectivo Gente y Bosques- “las comunidades de la Serranía de San Lucas y otras que habitan en ecosistemas de alto valor, deben reconocer el patrimonio ambiental donde están asentadas, ya que, si no hay reconocimiento de lo que se tiene, de lo que hay en el territorio, no vamos a intentar conservar y valorar lo que existe. El conocimiento es la base para lograr el aprovechamiento sostenible y el beneficio de las comunidades.”

Precisamente por eso, recorrer la Serranía es una parte esencial del proceso. En esta oportunidad contamos con el acompañamiento de Corantioquia, la Secretaría de Ambiente del municipio de El Bagre y WWF Colombia, dos de nuestros aliados en la búsqueda de construir la propuesta de un área protegida para la Serranía de San Lucas con quienes hemos reconocido que ésta no se construye únicamente trazando límites sobre un mapa. Implica comprender cómo se vive el territorio, cuáles lugares deben conservarse, cuáles necesitan restaurarse y qué actividades productivas pueden desarrollarse de manera compatible con sus valores naturales.
La experiencia de Villa Hermosa deja una idea de fondo: en la Serranía de San Lucas existen comunidades haciendo conservación y aprovechamiento sostenible de la biodiversidad desde el territorio. El reto será lograr que esos esfuerzos dejen de ser experiencias aisladas y puedan articularse a acuerdos duraderos, alternativas económicas y una gestión institucional capaz de mantener los bosques en pie y fortalecer las posibilidades de quienes han hecho de esta Serranía su hogar.


