Portafolio de nuevas áreas y ampliaciones del ámbito de gestión nacional, liderado por Parques Nacionales Naturales de Colombia

Parques Nacionales Naturales de Colombia avanza en este momento en la consolidación de  cinco (5)   procesos de declaratoria de áreas protegidas y en la ampliación de 3 áreas del Sistema de Parques Nacionales Naturales  – SPNN.

 

En la Región Caribe, se avanza en el proceso de conservación de la Serranía de San Lucas.

  • La Serranía de San Lucas: Es un macizo montañoso separado de la cordillera de los Andes, que se encuentra ubicado en el Departamento de Bolívar (municipios de San Pablo, Cantagallo, Simití, Santa Rosa del Sur, Montecristo, Arenal, Río Viejo, Morales, Tiquisio y Norosí) y del departamento de Antioquia (municipios El Bagre, Remedios y Segovia).

En la Región Andina viene avanzando en el análisis de viabilidad para la protección de los  Ecosistemas secos del Patía, proceso que está  ubicado en el Departamento del Cauca en los municipios de Balboa, Bolívar,  Mercaderes, Patía, El Tambo y Sucre y en el Departamento de Nariño en los municipios de Policarpa, Leiva, El Rosario, El Peñol, Linares, El Tambo, San Lorenzo, Chachagüi, Cumbitara, Sotomayor, Taminango, La Florida, La Unión, Sandona y Buesaco, Cuenca del Río Patía.

En la Orinoquia, se avanza en la consolidación de los procesos de Sabanas y Humedales de Arauca, Serrania de Manacacías y Selvas Transicionales de Cumaribo.

  • Selvas Transicionales de Cumaribo: Ubicado en el Departamento del Vichada en el municipio de Cumaribo, entre los Ríos Vichada y Guaviare, particularmente en el interfluvio de Caño Chupave y Río Cadá.
  • Serrania de Manacacías: Ubicado en el Departamento del Meta en los municipios de Puerto López, Puerto Gaitán y San Martín. Cuenca del Río Manacacías.
  • Sabanas y Humedales de Arauca: Ubicado en el Departamento de Arauca en jurisdicción en los municipios de Arauca, Arauquita, Puerto Rondón y Tame. Cuencas de los Ríos Lipa, Ele y Cuiloto.

Los sitios que conforman el portafolio de nuevas áreas de Parques Nacionales se caracterizan por contar con ecosistemas estratégicos y no representados en el SINAP, los cuales se destacan por:

  1. Serranía de San Lucas 

La Serranía de San Lucas es uno de los macizos montañosos más inexplorados de Colombia. Esta formación está localizada entre los departamentos de Antioquia y Bolívar, aislada unos 100 km del complejo de los Andes, ubicándose en la zona de transición entre la región montañosa Andina y la planicie del Caribe. Presenta un gradiente altitudinal que va desde el nivel del mar hasta los 2700 metros de altitud, con coberturas vegetales dominadas por selvas húmedas frecuentemente nubladas.

Cuenta con una gran variedad de suelos y un relieve montañoso que son determinantes en la composición hídrica y la formación de distintos cinturones de vegetación que la hacen un sitio de especial diversidad biológica. La Serranía de San Lucas, permaneció climáticamente estable durante los cambios drásticos acontecidos en las últimas glaciaciones del pleistoceno, convirtiéndose en un refugio para gran variedad de especies de fauna y flora endémica y de amplia distribución (Haffer, 1969). Es así como se presume que, en la zona, se encuentra una gran cantidad de endemismos y especies de afinidad Andina, pero también cuenta con elementos del Pacífico y de la Amazonia (Castaño et al., 1999).

La Serranía de San Lucas es un área de prioridad global para la conservación ya que hace parte del hotspot de biodiversidad de los Andes Tropicales (Myers et al., 2000). En 2008, fue incluida como Área Importante para la Conservación de las Aves (AICA- CO034) por BirdLife International, debido al elevado número de especies de aves amenazadas de extinción y con estrecho rango de distribución presentes en la zona (Devenish et al., 2009; BirdLife International, 2015). De las 587 especies registradas en el área, 10 son endémicas de Colombia y 10 revisten algún grado de amenaza de extinción a escala nacional o global (PNN y WCS, 2015). A su vez, el AICA San Lucas se ubica dentro del Área de Aves Endémicas (EBA) Tierras Bajas de Nechí (EBA-037) (Salaman y Donegan, 2001).

La Serranía de San Lucas se ubica un remanente de bosque continuo extenso, considerado el hábitat con mayor potencial para mantener poblaciones viables en el norte de Colombia. La biodiversidad registrada en la Serranía, incluye 1093 especies de plantas, 71 géneros o morfotipos de macroinvertebrados acuáticos, 45 especies de escarabajos coprófagos, 185 de mariposas, 129 de peces, 69 de anfibios, 62 de reptiles, 587 de aves y 191 de mamíferos (PNN y WCS, 2015).

Del total de especies registradas durante las caracterizaciones biológicas realizadas en el marco de la implementación de la ruta para el establecimiento de un área protegida en la zona, se identificaron nuevas especies o subespecies para la ciencia, entre las cuales se destacan cuatro especies de mariposas (Perrhybris sp. nov., Perrhybris sp. nov., Perrhybris sp. nov. y Euptychia sp.), dos subespecies de mariposas (Dismorphia amphione ssp. nov., y Opoptera aorsa ssp. nov.), una nueva especie de lagarto de colores (Cnemidophorus sp. nov.) (Arias y Bolívar, en prensa), además de tres subespecies nuevas en el grupo de las aves (Basileuterus tristriatus sanlucasensis, Henicorhina leucophrys ssp. nov., Ocreatus underwoodi ssp. nov.). También, se encontró una especie que había sido recientemente descubierta y que fue descrita en 2015: la rana Craugastor metriosistus (Ospina-Sarria et al., 2015).

La carencia de planificación y ordenamiento efectivos del territorio, sumadas a la continua transformación por diferentes actividades extractivas y presiones antrópicas, han impulsado a trabajar de manera continua por la construcción de una o varias estrategias de conservación que permitan garantizar la permanencia de los valores biofísicos y socio-culturales del área, adaptándose al contexto regional y a las condiciones históricas del territorio. En el marco de estas prioridades, se ha venido implementando la ruta declaratoria en los doce municipios que traslapan con el área núcleo. El proceso se encuentra aún en fase de aprestamiento, cuyos ejes son la construcción de acuerdos con actores involucrados y vinculados, y la consolidación de las bases técnicas como insumo fundamental para soportar la importancia de su declaratoria como área protegida.

  1. Ecosistemas Secos del Patía

El bosque seco tropical se distribuye en tierras bajas y presenta una fuerte estacionalidad de lluvias con varios meses de sequía (menos de 100 mm) (Mooney et al. 1995). Por presentar suelos relativamente fértiles, ha sido intervenido por diferentes poblaciones humanas durante siglos (Ewel 1999, Portillo-Quintero y Sánchez-Azofeifa 2010), y en el presente es considerado uno de los ecosistemas más amenazados del planeta (Janzen 1988).

En Colombia, el bosque seco se distribuye en seis regiones biogeográficas que incluyen el Caribe, los valles interandinos del Cauca y el Magdalena, el valle del Patía, la región NorAndina, y algunas secciones de la región de los Llanos. A pesar de que originalmente cubría casi 9 millones de hectáreas, tan sólo queda un 8% de su cobertura en fragmentos de pequeño tamaño (García et al. 2014).

Lo más preocupante es que el 65% del territorio que estaba cubierto por bosque seco y ha sido deforestado, se encuentra bajo escenarios de desertificación (García et al. 2014). Por ello la gran importancia no solo de conservar, sino también de investigar el funcionamiento ecológico, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que presta el bosque seco.

El enclave subxerofítico del río Patía es una prioridad ecosistémica identificada en la escala nacional. Las Unidades de Análisis Ecosistémicas que se encuentran al interior son las siguientes: Aguas continentales naturales del Orobioma azonal del Valle del Patía, Arbustales del Orobioma azonal del Valle del Patía, Vegetación secundaria del Orobioma azonal del Valle del Patía y zonas desnudas del Orobioma azonal del Valle del Patía. A partir de los diferentes análisis por unidades se infiere que son ecosistemas insuficientemente representados en el SINAP.

Dentro de las áreas que cubre el bosque seco en Colombia, el valle del Patía en los departamentos del Cauca y Nariño, ha sido una de las áreas de mayor intervención y donde mayor deterioro ha sufrido este tipo de bosque. De hecho, en esta región queda tan sólo entre un 0.2 y 0,6% de la cobertura original de bosque seco (García et al. 2014). El promedio de tamaño de fragmento de bosque para esta región es de apenas un poco más de 28 ha, y no se registran bosques maduros en toda el área (Pizano et al. 2016).

El valle del rio Patía, drenado por el rio de su mismo nombre, es un enclave seco que forma parte de los valles longitudinales interandinos colombianos, localizado en los departamentos de Cauca y Nariño, entre los 570 y los 1.300 msnm; este territorio está conformado por colinas de origen sedimentario y formaciones aluviales de los ríos Patía, Guachicono, San Jorge; y los abanicos aluviales de Piedra Sentada, El Estrecho y Galíndez. Este territorio presenta temperaturas promedio mayores a 24°C y precipitaciones entre 500 y 1000 mm anuales (IAvH-GAIA. 2013).

Los fragmentos de Bosque seco tropical se distribuyen en diferentes tipos de valles, labrados por afluentes del río Patía, su carácter subxerofítico se debe al efecto de sombra de lluvias ocasionado por la elevada altitud de la Cordillera Occidental, contra la que chocan los vientos húmedos provenientes del Pacífico.

La región tiene diferentes patrones de asentamientos de comunidades campesinas y negras quienes viven una realidad de exclusión, pobreza y la sequía; presentándose procesos migratorios en busca de oportunidades al Putumayo, Valle del Cauca, Ecuador, Costa Pacífica y al interior del país; otros buscan oportunidades en las ciudades.

De otro lado, como lo describen Vergara-Varela y Torres-Hernández, los bosques secos del Patía existen desde el Holoceno, y los primeros asentamientos, al igual que en otras regiones del país, se hicieron con fines agrícolas y comerciales hacia el siglo XVII. El fuego ha sido un elemento fundamental dentro de la transformación de estos ecosistemas, y en la actualidad, el 90% de las áreas de bosque seco están dedicadas a la ganadería extensiva. Este patrón se repite en casi todas las regiones de bosque seco en Colombia, donde la ganadería extensiva es uno de los mayores motores de transformación (Pizano et al. 2016).

Vergara-Varela y Torres-Hernández también proporcionan la primera descripción geomorfológica y un primer barrido sobre las principales unidades de suelo presentes en la región, lo cual evidencia por qué las comunidades humanas han estado presentes por tanto tiempo en el valle geográfico del Patía. Capote y Ospina lo confirman, demostrando que en la región se han encontrado piezas de cerámica, líticos, objetos de metal (oro, cobre, tumbaga), y ollas, entre otros, los cuales confirman la presencia de una región arqueológica rica en abundancia de materiales y representatividad, pero muy poco investigada.

Es decir que el valle del Patía puede representar una de las regiones de bosque seco con mejores registros de la historia de ocupación humana, y una oportunidad única de estudiar cómo ha sido la relación de las sociedades humanas con este tipo de bosque. Una relación que, si se mira más de cerca, podría orientar una futura gestión más integral del bosque seco.

El área de referencia concertada para el proceso de conservación de los Ecosistemas Secos del Patía, está sometida a presiones como fragmentación del hábitat, ampliación de frontera agropecuaria, ganadería extensiva, dinámica de degradación y desertificación, explotación de hidrocarburos, minería, proyectos de desarrollo de infraestructura, sobre un ecosistema frágil, degradado y con una población en condiciones de pobreza extrema.

De otro lado, Parques Nacionales avanza en la determinación de la viabilidad de la ampliación del Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta, el Santuario de Fauna Acandí, Playon y Playona y el Parque Nacional Natural Gorgona, procesos que presentan diferentes niveles de avance, destacándose el avance en el proceso de ampliación del PNN Sierra Nevada de Santa Marta, el cual responde a la iniciativa de los pueblos indígenas de la Sierra.

  1. Sabanas y Humedales de Arauca

Los ecosistemas presentes dentro de la propuesta de conservación de las Sabanas y Humedales de Arauca son únicos y vulnerables y aún no se encuentran representados dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas – SINAP. Dentro de este polígono se ubican dos resguardos indígenas, el más extenso denominado San José de Lipa con 3.767 ha aproximadamente y el resguardo La Ilusión con 844 ha. También se encuentran las comunidades de La Esperanza y Cuiloto II. El área de Sabanas y Humedales de Arauca está enmarcada y modelada por las cuencas de los ríos Ele, Cravo, Lipa y Cuiloto y se ubica dentro de una de las áreas prioritarias para conservación y uso sostenible de la cuenca del Orinoco.

En el área de Sabanas y Humedales de Arauca se ubican 9 tipos de biomas de los 399 establecidos por el IAvH en el mapa de ecosistemas 1:100.000 del año 2017, de los cuales, los que ocupan mayor extensión son: helobioma Arauca Amazonia y Orinoquia el cual representa el 47% del área total, seguido por el peinobioma Arauca con 37% de la superficie.

De otro lado, el área presenta altos valores de biodiversidad, representados en 635 especies de plantas, 82 especies de insectos, 102 especies de peces, 163 especies de aves, 198 especies de reptiles y anfibios, y 68 especies de mamíferos.  Entre las especies reportadas en el área, se destacan: Ganso del Orinoco (Neochen jubata), Perro de agua (Pteronura brasiliensis), Tapir (Tapirus terrestres), Pantera/Jaguar (Panthera onca), Delfín de río/Tonina (Inia geoffrensis), Caimán llanero (Crocodylus intermedius)

  1. Selvas Húmedas Transicionales de Cumaribo

El territorio abarcado por el polígono denominado Selvas húmedas Transicionales de Cumaribo, de acuerdo a las imágenes satelitales, es un territorio de poca intervención humana, prevaleciendo la condición selvática. Sin embargo, se ha determinado la influencia de tribus indígenas y de colonos. El área propuesta se enmarca en el sector medio del tránsito paralelo de los ríos Vichada y Guaviare en su camino hacia el Orinoco. La interacción entre estas dos grandes cuencas se da a través de unos caños de regímenes estacionales, donde sobresalen algunos cuerpos permanentes como los ríos Cada, Uva y Chupabe (UNUMA 2008).

El polígono propuesto para las Selvas Tanscionales de Cumaribo es una región que comprende Ecosistemas Estratégicos no representados en el SINAP, conectados por sabanas y bosques naturales con bajos niveles de intervención y que recoge la transicionalidad entre la selva húmeda tropical del Amazonas y los llanos Orientales del país, lo cual la reviste de singular importancia.  Ha sido priorizado en tres ejercicios para la región, incluido el elaborado para la escala nacional. Bosques y ecosistemas de aguas continentales son característicos y aun no representados en el Sistema Nacional de Áreas protegidas (6 unidades de análisis no representadas): Guyana B  N Guaviare Peinobiomas de la Amazonia y Orinoquia,   Guyana B N Guaviare Zonobioma húmedo tropical de la Amazonía, Guyana  Guainia Peinobiomas de la Amazonia y Orinoquia,  Guyana Vaupes Helobiomas de la Amazonia y Orinoquia,  Guyana Vaupes Zonobioma  húmedo tropical de la Amazonia y Orinoquía,  Bosques Naturales del Zonobioma húmedo tropical de la Amazonia y Orinoquia.

En la zona se registra la presencia de pueblos Indígenas: Makaguane, Kuiba, Güahibo, Sikuani, Curripacos y Piapocos.  Los cabildos de los resguardos Flores Sombrero (al interior del polígono propuesto), Chigüiro, Murciélago – Altamira, Pueblo Nuevo – Laguna Colorada, Minitas – Miralindo y Laguna Curvina – Sapuara hacen parte de la Asociación de Cabildos Unidos Indígenas del Guainía y Vichada, ASOCAUNIGUVI,lo cual representa un gran valor cultural para el área.

De otro lado, en el área se ha identificado una alta diversidad de especies asociadas a cuerpos hídricos. Entre estos se encuentra una gran riqueza de aves, mamíferos y reptiles. Para el caso de insectos se halló una riqueza de 26 morfoespecies de coleópteros coprófagos. Con respecto a la fauna de mariposas (Lepidoptera: Papilionoidae & Hesperioidae) se han encontrado 198 especies, de las cuales 15% son de distribución amazónica, 6% son exclusivas del Escudo Guayanés, 18% se distribuyen del Escudo Guayanés a la base de la Amazonia, 2% son endémicas para Colombia (Villareal-Leal et al. 2009); se registran tres especies de mariposas de las 350 conocidas como endémicas para Colombia.

Las especies Adelpha plesaure, Cyrenia martia, Eunica tatila e Hyphilaria parthenis, que son de difícil registro, fueron encontradas en bajos números en la zona (Lasso et al. 2010). En relación con hormigas, la gran importancia de las selvas transicionales de Cumaribo se observa en la presencia de Heliconius numata, Opsiphanes cassina, que son especies consideradas por Salazar (1995), Fagua et al. (1999) y Quintero et al. (2007) como indicadoras de una comunidad de bosques primarios poco intervenidos.

Se efectuó un breve muestreo de peces sobre el río Cadá, que representa el primer muestreo de ictiofauna en la zona de transición de las selvas de Cumaribo. Allí se registraron 19 especies, pertenecientes a 11 familias y cuatro órdenes. Las especies Semaprochilodus taeniurus y Acestrorhynchus heterolepis serían primeros registros para el área.  En cuanto a aves se registraron 121 especies de aves, representantes de 23 órdenes, 47 familias y 97 géneros; no obstante, hay que señalar que el muestreo fue corto. En la recopilación de la información referente a la mastofauna reportada en áreas cercanas a las selvas transicionales de Cumaribo, se encontró que potencialmente se presentan alrededor de 128 especies de mamíferos para el polígono propuesto.

  1. Serranía de Manacacías

El análisis de coberturas permite observar una alta representatividad (93%) de coberturas naturales, siendo la principal cobertura herbazales con el 73%; Los representativos son Herbazal denso de tierra firme no arbolado, herbazal denso de tierra firme arbolado, herbazales densos inundables no arbolados y los herbazales abiertos rocosos. También, Bosque denso alto inundable heterogéneo, Bosque de galería y Ripario alto, Bosque de galería y Ripario bajo.

Dentro de la región del Orinoco, la cuenca del río Manacacías presenta una amplia diversidad de ambientes acuáticos y terrestres resultado de diferentes factores, como fluctuaciones periódicas en el nivel del agua y un extenso sistema de ríos, caños y otros cuerpos de agua menores. Esto, junto con el alto y bajo relieve topográfico de la cuenca, origina un ambiente complejo en el que emergen condiciones tanto riparias como lacustres. Estos ensambles incluyen varios ecosistemas con plantas particulares que son refugio de la fauna silvestre. Dentro de esta cuenca, la región conocida como la Serrania de Manacacías es considerada una zona de transición entre las grandes selvas de la Amazonía y las extensas sabanas de la Orinoquia. Reviste un especial interés biológico, no solo por su posición biogeográfica sino por su buen estado de conservación, a pesar de pertenecer a una gran región actualmente objeto de una fuerte presión antrópica, especialmente por extracción de petróleo (Rausch 2009), la agricultura intensiva a gran escala, el incremento de la población humana (Correa et al., 2006), la expansión de la infraestructura vial, los monocultivos y los cultivos de uso ilícito (Romero et al. 2012).

La zona presenta un tipo de vegetación típica de pastizales de sabanas no inundables de altillanura disectada con árboles y arbustos dispersos, así como sabanas bajas y sabanas húmedas. Se encuentran interfluvios angostos, con alta densidad de bosques de galería y morichales, estos bosques presentan elementos típicamente orinocenses intercalados con algunos elementos amazónicos y de la Guayana; el paisaje local está dominado por una matriz de sabanas y sabanas arboladas, con parches de diferentes tamaños de hábitats arbóreos. La mayoría de las especies registradas en estas sabanas (venados, dantas, armadillos, sainos y cafuches) también hacen uso de las coberturas arbóreas como lugares de refugio diario, refugio permanente en las épocas de quema y lugares de alimentación durante los tiempos de fructificación; dinámica que resulta en constantes flujos de energía y materia entre las diferentes coberturas, interconexión necesaria para la preservación tanto de la matriz, como de los diferentes parches de vegetación inmersos en ella. Mostrando de nuevo la necesidad de desarrollar un plan de conservación integral del ecosistema, el cual debe incluir porcentajes significativos de cada una de estas coberturas y asegurar la preservación y maximización de los procesos existentes.

De las especies de flora registradas en el área, 28 están registradas bajo algún grado de amenaza en el libro rojo de IUCN-Colombia. Todas figuran en la categoría de preocupación menor (LC), salvo Xylopia ligustrifolia (saladillo) que está casi amenazada (NT).

De las 50 especies de mamíferos registradas en la región, 26 presentan algún grado importante de amenaza según IUCN y CITES. Una especie está catalogada como en peligro crítico, tres especies como amenazadas, otras tres como casi amenazadas y siete son consideradas vulnerables. En adición a estas, dos especies están incluidas en el Apéndice I de Cites, seis en el Apéndice II y cuatro en el Apéndice III.

Fueron registradas especies como la danta (Tapirus terrestris), el ocarro (Priodontes maximus), el perro gigante de agua (Pteronura brasiliensis) y el jaguar (Panthera onca). Todas ellas especies que son objeto de conservación a nivel nacional, para quienes la protección de esta área constituye una importante acción para asegurar su permanencia y que por su posición dentro de la cadena trófica son responsables de eventos en cascada si desaparecen. La danta está clasificada como vulnerable por la UICN (2011) y se encuentra en los Apéndices I y II de CITES (UNEP-WCMC 2012) y es un componente biótico esencial en el área. Estos animales hacen parte de altos niveles tróficos, cuyas poblaciones disminuyen rápidamente bajo la influencia de la actividad humana; se ven frecuentemente ligadas con eventos de colapso de poblaciones en cascada y son ecológicamente influyentes por sus papeles como ingenieros del paisaje, grandes ramoneadores y dispersores de semillas. En la zona de estudio las dantas son abundantes confiriéndole a la zona un especial potencial para su conservación.

Dentro de todas las especies encontradas resaltan las tortugas Podocnemis expansa y Chelonoidis carbonaria que se encuentran amenazadas, y la presencia, según los pobladores locales, de la especie Crocodilus intermedius, especie en peligro crítico de extinción según la UICN. Con la creación de una reserva o una red de reservas se podrían realizar proyectos para asegurar la protección de esta especie, emblemática dentro de los cocodrilos de Colombia.

La alta presencia y variedad de tortugas en la zona también es un fuerte indicador del estado de conservación de la misma. Estas se encontraron casi en todos los cuerpos de agua, y en diferentes estadios, lo cual es un excelente indicio de que se les está permitiendo realizar todas sus actividades biológicas y ecológicas asegurando la permanencia de las mismas.

Otra especie de interés es la Cascabel, especie que se utiliza mucho en chamanismo y como cura para el cáncer, por lo que se caza mucho y ya no se encuentran con facilidad. En Hato Palmeras se reportaron dos ejemplares, un adulto de gran tamaño (1,5 m) y un juvenil, lo cual muestra que la especie se está reproduciendo en la zona.

En la región se reportaron 39 especies de aves bajo algún grado de amenaza. Diez de estas incluidas en la categorías Casi amenazada y Vulnerable de IUCN y otras 29 especies incluidas en los Apéndices de CITES. En adición a lo anterior, ocho especies tienen una distribución geográfica restringida (casi endémicas) y 19 especies corresponden a especies migratorias. Esta situación refleja la importancia de la zona como lugar para la protección de estas aves; dicha importancia, y el buen estado de conservación del área de estudio, también se ve reflejada por la presencia de 170 especies de aves muy susceptibles y medianamente susceptibles a la alteración del hábitat y por la presencia de 30 especies de aves rapaces.

La zona abarca un mosaico de coberturas propio de la región de la Serranía del llano, que alberga poblaciones saludables, especies en peligro y un pull genético irremplazable en las poblaciones presentes (en particular en el caso de los anfibios), así como una relación de convivencia entre las actividades humanas locales y los fenómenos ecológicos propios de los ecosistemas presentes.

Dentro del análisis de la riqueza biológica del área de conservación propuesta, la Serranía de Manacacías se ubica estratégicamente en una región con alta riqueza de especies y sensibilidad ambiental media, que se traduce en un área con un alto valor de importancia para la conservación de la biodiversidad.

El objetivo principal para la declaración de esta área es la conservación de ecosistemas de sabanas naturales, las cuales presentan una vulnerabilidad ambiental de moderada a alta ante escenarios de cambio climático. Aumentos drásticos en la temperatura y prolongación del período seco son factores que contribuyen a la desestabilización del equilibrio ecológico que la fauna y la flora han logrado desarrollar ante los extremos ambientales. Esta región, además se ubica relativamente cerca al piedemonte de la cordillera de los andes, y alcanza a recibir el beneficio andino para albergar una alta riqueza biológica. Estos factores, la sensibilidad ambiental y la riqueza biológica, unidos al avance del cambio del uso del suelo hacia actividades agropecuarias, resaltan la importancia de enfocar esfuerzos para la protección y preservación de estos ecosistemas.

En cuanto a los bienes y servicios del componente ecosistémico hídrico desglosados según clasificación de Goot y aplicados a la Serrania de  Manacacías, el área cumple función de regulación climática por la presencia del río Manacacías principalmente, caño Cumaralito, caños adyacentes y bajos inundables. De regulación hídrica desde el aporte de los bosques de galería y morichales que previenen inundaciones y sequias. De disponibilidad hídrica representado en la abundancia de nacimientos, acuíferos y cursos de agua. En cuanto al servicio ecosistémico de hábitat, el área se constituye en refugio para una amplia variedad de especies.

Documentos anexos