En Toribío, Fabián Cometa Julicue ya puede cultivar truchas sin sentir vergüenza

El Apoyo Presupuestario Desarrollo Local Sostenible, que financia la Unión Europea, ha apoyado a pisciculturas del Cauca, y de la comunidad nasa, adecuando espacios para el desviscerado de truchas e infraestructura para el vertimiento de agua sangre de los ictiocultivos, y con esto disminuir la contaminación de algunos ríos del departamento.

Fabián Cometa Julicue es un hombre orgulloso de su origen. “Soy indígena nasa, gracias a Dios y a la madre tierra”, dice.

Su vida transcurre en Toribío, entre las montañas del resguardo que lleva el mismo nombre de este municipio del Cauca. Allí, él ha conformado, con un grupo de pobladores, la microempresa ‘El Tablazo’, para trabajar la piscicultura. Producen una cosecha de truchas cada dos meses.

Fabián cuenta que trabaja en este empeño todos los días, sin importar el momento o el frío intolerante de la región, y motivado por el bienestar de sus dos pequeñas hijas.

Pero hoy tiene otra motivación para seguir adelante: los beneficios que ha recibido este proyecto de cría de peces del Parque Nacional Nevado del Huila, amparado por el Apoyo Presupuestario Desarrollo Local Sostenible (DLS), que financia la Unión Europea.

Porque ahora cuentan con una caseta para manipular las truchas (abrirlas, desviscerarlas y limpiarlas) y con una estrategia para tratar el agua contaminada que se produce durante esta labor.

“Hoy ya no siento vergüenza con el cultivo de los peces y con su tratamiento, porque mejoramos mucho en la calidad de nuestro trabajo”, dice Cometa Julicue. Se refiere a que antes, sin la caseta que fue adecuada en El Tablazo, las visceras de los pescados y otras partes no comestibles y que no se utilizaban, se extraían a la intemperie y se botaban sin mucho control. Esto atraía animales como gallinazos y perros, y también a insectos que perjudicaban la calidad de la carne. “Nunca estuve tranquilo viendo que estábamos expuestos a tanta contaminación, pero las cosas han cambiado para bien”, agrega.

Las personas que dependen del lugar, y que trabajan en  jornadas que comienzan a las 3:00 de la mañana, no solo debían laborar en medio de la lluvia, sino se exponían directamente al frío constante y, con esto, a enfermedades respiratorias frecuentes.

“La caseta, que además tiene una mesa para cortar y abrir los animales, ha mejorado el ambiente laboral. El trabajo lo hacemos unas 30 personas, que ahora estamos motivadas, pero lo más importante es que podemos proveer unas truchas en condiciones de higiene óptimas”, explica Cometa Julicue.

No a la contaminación de los ríos 

A esto se ha sumado la instalación de tanques de sedimentación para el tratamiento de un residuo muy frecuente en esta actividad: el agua-sangre, que ahora se decanta en recipientes donde puede tratarse y disminuir en un 80 por ciento la afectación del ambiente hidrobiológico.

El Tablazo produce, al menos, 1.800 kilogramos de truchas cada dos meses, en seis estanques, tres de ellos de concreto. Y durante años, el agua contaminada era enviada directamente al río Isabelilla. “Con los sedimentadores instalados, de 1.500 centímetros cúbicos, y con  los humedales artificiales,  podemos limpiar el agua, principalmente quitarle las grasas, antes de arrojarla a la cuenca”, agrega Cometa Julicue. Las truchas benefician socioeconómicamente a la comunidad indígena, porque son comercializadas en la región. Y algunas de ellas, cuando hay excedentes, se venden a una empresa que las distribuye en otros municipios.

El Apoyo Presupuestario Desarrollo Local Sostenible (DLS) ha apoyado con instalaciones similares a otras dos unidades piscícolas: Juantama y Quinamayó, que contaminaban los ríos López y San Francisco. Todas estas unidades tienen un impacto directo en aproximadamente 50 familias e indirectamente en otras 400.

En Quinamayó y El Tablazo, que producen entre las dos entre 3 y 4 toneladas de trucha, se realizó además la adecuación de un espacio con plantas de uso tradicional (medicinales y alimentarias) y de pequeños huertos, que las familias están cultivando para su autoconsumo diario y donde producen tomate, arveja, cebolla, zanahoria, cilantro, sábila, prontoalivio, hierbaalegre y ruda, entre otras.

“Creo que más allá de estos beneficios directos (la caseta y los sedimentadores), logramos algo mucho más importante: y es que se ha demostrado que podemos dejar de hacer las cosas de cualquier forma, sin reglas, para darle paso a la legalidad”, opina Cometa Julicue.