Artesanías coreguaje, una tradición que impulsa la sostenibilidad de la selva amazónica

Indígenas de la etnia coreguaje que habitan en el resguardo de Consará, en Putumayo, perfeccionan la elaboración de mochilas y manillas hechas con chambira, con el apoyo del programa Desarrollo Local Sostenible y el Parque Nacional Natural La Paya. Con ellas buscan ingresos económicos para mejorar su calidad de vida y evitar la deforestación de la selva mediante prácticas sostenibles.

“Aprende hijo, que esto es lo que nos han dejado nuestros antepasados”.

Esta frase es muy habitual entre los coreguajes. Y la pronuncian las mujeres que están liderando una práctica milenaria que ha sido transmitida de generación en generación: la elaboración de artesanías.

Su fabricación involucra a gran parte de los habitantes de las comunidades de Consará y Bekochá Guajira, al interior del Parque Nacional La Paya. Los abuelos y las abuelas orientan y direccionan a sus familiares sobre la importancia de la Madre Tierra. Los hombres atienden el aprovechamiento y cuidado de la chambira, una palma que sustenta el trabajo. Las mujeres, por su parte, después de las labores de la chagra y de atender el hogar, se dedican a tejer, al frente de los niños. Mientras tanto, los pequeños aprenden y son los encargados de sostener esta tradición que permite elaborar mochilas y manillas de diferentes tamaños, colores y diseños, con las que expresan parte de su cultura, su esencia y lo que ellos califican como “el buen pensamiento”.

Es por esto que el programa Desarrollo Local Sostenible (DLS), financiado por la Unión Europea, que se desarrolla en el Parque Nacional Natural La Paya, ha venido apoyando esta tradición, fortaleciendo la gobernanza, la conservación de los recursos naturales y el patrimonio cultural indígena que se encuentra en este sector de la selva del Putumayo, un lugar que se conecta con la civilización a través del río Caquetá.

Las artesanías nacen de un cogollo 

Los indígenas obtienen las fibras que se transforman en productos artesanales de las palmas de la selva, esencialmente del cogollo de la chambira, que crece en medio de un bosque conservado que resguarda micos, borugos, dantas, aves multicolores, entre otros.

Ese cogollo se corta con mucho cuidado, mediante una técnica que los coreguaje han sabido perfeccionar. Luego, de allí se obtienen unas fibras a las que les dan resistencia y durabilidad y que son la base de su trabajo.

Los colores para adornar cada mochila provienen de tintas vegetales que salen de cortezas, hojas o cenizas. Por ejemplo, el amarillo se obtiene del azafrán; el morado, el café y el azul de la corteza del platanillo; el negro y el rojo de la curivaca, (esta última es una planta conocida con ese nombre únicamente por los coreguaje, pero aún no tiene su equivalente en español) mezclada con cenizas. Cada una de las mochilas puede tener hasta cuatro tipos de tejidos diferentes y en ocasiones es decorada con semillas que se recogen en la chagra.

Una práctica sostenible

A pesar de la calidad de los productos, la comunidad nunca había tenido una asesoría institucional para potenciar su trabajo, años de olvido que ahora Parques Nacionales y el DLS logran interrumpir, tampoco han tenido una estrategia definida de promoción de sus productos, ya que todo se trabaja por encargo y durante algunas exposiciones esporádicas en las que participan, esto los ha llevado a tener un mercado inestable.

Una mochila puede costar entre 20 mil y 80 mil pesos, según su tamaño, y se llevan a poblaciones como Puerto Leguízamo (Putumayo) entre dos y tres veces al mes para tratar de realizar su venta entre conocidos.

Por eso, uno de los retos que ha asumido el programa DLS es orientar a los indígenas hacia una distribución y comercialización adecuadas, buscando una estrategia de transporte porque los costos para el desplazamiento son muy elevados; entre otras cosas, ayudarlos a establecer un punto estratégico comercial para mejorar las garantías de venta y reducir al máximo la intervención de intermediarios.

“Otra dificultad es que, durante el proceso de elaboración de las mochilas, las herramientas utilizadas por las mujeres, que son muy básicas dentro de las comunidades, no pueden ser adquiridas por ellas, esta es otra debilidad que quisiéramos corregir suministrando elementos para la recolección de las materias primas y su transformación “, explicó Angélica Buitrago, profesional del DLS para el Parque Nacional La Paya.

Mantener la tradición artesanal no es un capricho, ya que puede resultar clave para contribuir con la conservación del bosque. Porque los coreguaje han encontrado en esta práctica una iniciativa de aprovechamiento sostenible, que, además de mantener viva su cultura, se ha transformado en una herramienta para cuidar el territorio del que depende su subsistencia, también para generar recursos económicos sin tener que deforestar o implementar la ganadería.

“La importancia de dar a conocer esta iniciativa es un aporte para la concientización de los colombianos sobre la riqueza natural y cultural con la que aún contamos, promoviendo mercados verdes para el desarrollo sostenible”, opinó Buitrago.

Fotos/PNN La Paya