Artesanas de Yurayaco (Caquetá) exhibieron sus mejores accesorios en Expoartesanías

20 mujeres reunidas bajo la organización ‘Artesanías Warmi Awadurkuna’ se sienten orgullosas de trabajar collares, manillas, pulseras y otros accesorios fabricados con chaquiras, una iniciativa apoyada por el programa Desarrollo Local Sostenible y el Parque Nacional Alto Fragua Indi Wasi.

Iban a dedicarse al tratamiento de plantas medicinales. Pensaron que ese era un buen camino para buscar ingresos o para cultivar un emprendimiento que les ofreciera nuevas oportunidades.

Eso fue hace cuatro años. Así lo cuenta Luz Dary Salazar, indígena inga, del Caquetá. Ella dice que en eso estaban pensando ella y otras mujeres de la etnia en ese momento de sus vidas, cuando en un arranque de entusiasmo quisieron hacer empresa, buscar ingresos y salir de la rutina.

Pero, afortunadamente para ellas, resolvieron olvidar lo que podía ser un trabajo sobre hectáreas de cultivos, huertas caseras  o potenciales medicamentos hechos a base de romero, menta, ortiga o marihuana para curar dolores o malestares. Y entonces tomaron otro camino, uno muy diferente, pero del cual no se arrepienten: se volvieron artesanas.

Son 20 mujeres reunidas bajo la organización ‘Artesanías Warmi Awadurkuna’. Habitan el resguardo Yurayaco, situado en San José de Fragua, y como en ningún otro momento de su historia reciente se sienten orgullosas de trabajar collares, manillas, pulseras y otros accesorios fabricados con chaquiras, de tejer, crear diseños y de venderlos entre el público.

La calidad de sus creaciones siempre se fue consolidando con la práctica, pero tuvo un impulso definitivo desde que se vincularon con el programa Desarrollo Local Sostenible (DLS), que financia la Unión Europea y que  ejecuta en su territorio el Parque Nacional Alto Fragua Indi Wasi.

Hasta el punto de que lograron exhibir su trabajo en Expoartesanías, la feria más importante del sector,  donde participaron los mejores artesanos del país y que se desarrolló en Corferias durante 14 días seguidos, hasta el 18 de diciembre. En agosto pasado habían vivido una experiencia similar en la Rueda de Negocios Artesanal y Agroindustrial 2018, que se organizó en Neiva (Huila).

Paso a paso

Para llegar hasta este nivel, Luz Dary y sus compañeras de trabajo comenzaron de la nada. Compraban las chaquiras que podían y con ellas hacían diseños, pero pensando más en lo que se vendía que en la calidad. Por eso, y por momentos, tejieron collares o pulseras con los escudos de la liga del fútbol colombiano, con figuras sin importancia y con una mezcla de colores improvisada. En conclusión, lo que los clientes les pedían, no lo que ellas realmente planeaban.

Pero a través del DLS,  y con la ayuda del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, lograron que ‘Artesanías de Colombia’ las vinculara a las capacitaciones que la entidad suele desarrollar por todo el país y cuando encuentra “que hay un grupo organizado, socialmente fuerte y que realiza una producción que puede proyectarse y consolidarse”, como lo cuenta Sebastián Arévalo, profesional del DLS en el Parque Nacional Alto Fragua Indi Wasi.

Desde ese momento la historia cambió. Aprendieron a combinar, perfeccionaron el tejido y, lo más importante, comenzaron a diseñar pensando en un mensaje: hoy, cada uno de sus accesorios incluye una simbología especial que reafirma su cultura indígena y destaca la biodiversidad de su territorio amazónico.

Sandra Rivera, otra de las artesanas del grupo que estuvo en Expoartesanías, explicó que entre las especies más importantes para ellas y que con mucha frecuencia incluyen en sus diseños están el colibrí, los felinos como el jaguar, la rana, las mariposas, flores como las heliconias y el sol.

Con la ayuda del DLS y de Artesanías de Colombia, las artesanas también conocieron cómo valorar cada pieza, a ponerle un precio y a repartir las ganancias que deja la venta de cada una. Y adicionalmente, pudieron abrir un local cerca del parque principal de Yurayaco, que el DLS ayudó a dotar con muebles como cajones y vitrinas y que se ha convertido en la tienda oficial de sus creaciones.

Un collar grande o una manilla se termina después de entre dos y cuatro horas de trabajo continuo. Otras requieren hasta un día de labores manuales.

“Cada pieza se marca dependiendo de su creadora y se pesa. Y dependiendo de ese peso se fija un precio y un porcentaje de ganancia para la artesana y otro porcentaje que se dirige a un fondo que permite financiar al grupo y comprar materias primas”, cuenta Salazar.

“Expoartesanías nos sirvió para mostrar nuestro trabajo y para conocer el trabajo de otros, y en medio de esta experiencia también nos hemos dado cuenta de que los accesorios hechos con chaquiras son bastantes y el mercado está muy competido, por eso estamos pensando en aprender otros métodos de fabricación como la talla en madera o el uso de semillas”, agregó Salazar, quien de paso comenta otro de sus objetivos: “hemos visto que con este trabajo la mujer se empodera, se destaca y, lo mejor, demuestra que puede liderar un proyecto bueno, por eso queremos seguir adelante”, opinó.